El blog de Gabriel Viso

Un blog, por Gabriel Viso

Redes p2p: tecnología poniendo en evidencia

con un comentario

Estos días han pasado cosas en España y en el mundo (el planeta, no el periódico) que me han inspirado: la vergonzosa campaña de algo llamado “Gobierno de España” que dice “Si eres legal, eres legal” y un trozo de una entrada leída en El Blog de Erique Dans, “O en misa, o repicando…“:

Más tarde o más temprano, tenía que pasar: el CEO de MP3Tunes, Michael Robertson, acusado por Capitol Records de violación de copyright, ha acusado a su vez a los demandantes de “inundar Internet” con su música disponible de manera gratuita a través de múltiples sitios para así lograr incrementar la popularidad de la misma, una acusación que se une a otras ya probadas de empresas discográficas y cadenas de televisión que filtran ellas mismas sus materiales a las redes P2P. Las declaraciones de Robertson incluyen exhaustivos detalles de una serie de casos en los que una canción estaba disponible en la red, incluso desde servidores pagados por la propia Capitol, y completamente gratuita.

En cuanto a la campaña de “Gobierno de España”, pues es vergonzosa porque eso de “Gobierno de España”, que se sepa, tiene tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Y salvo uno, que no se entera (el ejecutivo, el de Zapatero y su pandilla), todos los poderes están de acuerdo y han legislado que la copia privada sin ánimo de lucro no es delito. Ha sido en el Código Penal, artículo 270, disponible en la página de la policía. Ese artículo del Codigo Penal de España hace imprescindible que exista ánimo de lucro para penar una copia, reproducción o comunicación de … (bla, bla, bla). Y ahora, como resultado de no se sabe qué maniobra, una subdivisión de uno de los poderes (el Ministerio de Cultura) toma la voz de todo el Gobierno, y se pone a contradecir el Código Penal. Y, que se sepa, si algo no es delito es porque es legal…

Y lo que se cuenta en el artículo de Enrique Dans, a alguno se le ha caído la piel de cordero degollado al poner en circulación su propio contenido para poder denunciar a terceros. Y no creo que los de aquí sean muy distintos de los de allí, más si en todos los chistes se dice que no hay más pillo que un español. Cosa que no comparto, pero de la que me voy a aprovechar: si en Estados Unidos la lían de ese modo, aquí… lo mismo ha sido alguien de la SGAE quien ha traducido The Pirate Bay al español.

Todo esto está completamente de espaldas al progreso tecnológico y a la difusión de, a veces cultura, a veces basura, a veces simple ocio. Por eso escribo esto, que es muy largo.

No hay más que analizar un poco el tema de moda en internet para detectar una división en la sociedad: el p2p (eMule, Bittorrent, …) y las descargas de material audiovisual o de otros tipos. Quitando a los delincuentes que todo el mundo podría señalar (el que vende sus descargas), hay varios tipos de implicados en el p2p.

Por un lado, están los consumidores de información. En segundo lugar está el productor inicial de los contenidos, que intenta sacar el máximo provecho de sus productos. Ese provecho puede o no estar reñido con el provecho de terceros.

En tercer lugar está … todo lo demás. Lo separo en un párrafo porque este grupo es el de la discordia: “los demás”. Estos señores intentan sacar el máximo provecho posible de hacer llegar los productos que ellos no han fabricado desde los creadores a los consumidores. Este grupo de “los demás” se compone de todos los intermediarios, y en especial las productoras (discográficas, televisivas, cinematográficas), y las entidades de gestión, que nadie sabe muy bien cual es la necesidad. Estas últimas son una especie de sindicato de autores, por el que unos pocos de los autores pagan para repartirse un dinero recaudado con algo llamado Canon, que es muy antiguo. A ellos se le han sumado una marca llamada “Gobierno de España” que sirve para hacer propaganda de la política del actual Gobierno, que lo que hace es introducir entropía y confundir a la población.

Y la historia y el sentido común deberían ser suficientes para entender quien se equivoca: ese grupo que he llamado “los demás”.

A la hora de prestar atención a la regulación sobre la copia privada, que permite la compartición de obras audiovisuales, se puede ver que aplicando un mínimo de sentido común, favorece a los primeros dos grupos: los productores de contenidos y los consumidores de los mismos. Y que perjudica a ese grupo de “los demás”, única y exclusivamente, que resultan ser la minoría más absoluta. Porque hay una sola marca llamada “Gobierno de España” que ve caer su credibilidad, muy pocas entidades de gestión en cada país (menos de diez) y muchísimas menos discográficas que autores. Y muchísimos menos autores que consumidores de lo que los autores hacen.

Lo que yo conozco del asunto es que, desde siempre (desde mucho antes de que se inventase el primer soporte de grabación), los directores, actores, cantantes, músicos y demás personas que hay detrás de los medios audiovisuales, se han ganado la vida con el directo, esto es, con las taquillas de los teatros, auditorios y otros recintos donde podían interpretar. Después, mucho antes de que existiesen los equipos domésticos de reproducción adiovisual, los técnicos de imagen y sonido se ganaban la vida con la radio, la televisión, y las taquillas de conciertos y cines. Mientras siga habiendo actuaciones en directo, teatro y cine a un precio razonable, los creadores de contenidos seguirán viviendo. Quizá no tan obscenamente bien los pocos que llegan a arrasar con algún éxito, pero en general seguirán viviendo. Y la minoría perjudicada debería intentar adaptarse, y no hacer trampas como la que cito del artículo de Enrique Dans para aprovecharse de todo el mundo. Trampa por denunciar a alguien en contra de la mayoría (el p2p favorece a los consumidores y los consumidores favorecen a los creadores yendo a sus actuaciones), y aún encima hacer aquello que denuncian a escondidas.

Para centrar el tiro, hablaré de la música (que es lo más controvertido, o eso parece). Y por abreviar, en vez de de “los demás”, frecuentemente hablaré de las discográficas, pero sin ánimo de agraviar, ya que éstas son, en algunos casos, las que más se están adaptando al nuevo panorama al investigar las posibilidades que les abre el p2p a ellas mismas.

Cuando surgió el soporte de grabación a un precio que hizo posible la distribución a gran escala a los hogares, a los creadores de contenidos se les abrió una vía muy cómoda y lucrativa para vivir de su profesión: por poco (un contrato con alguien encargado de copiar a gran escala un trabajo original y llevarlo a las tiendas), podían tener una gran proyección de su trabajo. Pero, en palabras de los músicos, el grueso de sus ingresos los consiguen cada vez que les patrocinan una gira de conciertos. Es la afluencia a sus conciertos lo que les proporciona el máximo de sus beneficios, y la afluencia a sus conciertos se provoca por la difusión de su música.

Independientemente de cuánta gente compre el disco, la música siempre se ha difundido por la radio, y siempre se ha podido grabar en una cinta de cassete a un precio ridículo. Cuando esto ocurrió yo no había nacido y no asistí al proceso, pero las discográficas empezaron a pasarlo mal porque la radio emitía las “mejores” canciones de los discos que comercializaban. Pero se adaptaron porque, al mismo tiempo, la radio hacía publicidad de los discos, las discográficas creaban “singles” para no tener que comprar el disco entero, vídeos musicales que vendían a las cadenas de televisión… Sólo quedaba un rescoldo de peligro: las cintas de cassete. Para cubrir eso y, también, sacar dinero de ahí, cada cinta de cassete llevaba consigo un sobreprecio llamado Canon que, sin entrar en quién gestionaba y a dónde iba a parar, lucraba sobre todo a la industria intermediaria entre el artista y el consumidor, y muy marginalmente, al artista. El Canon era un instrumento permitido por la primera regulación de la copia privada, y se extendió a las cintas Beta y VHS para el caso del cine y la televisión.

El canon no ha nacido ni con el CD ni con internet, vamos. Y, después de todo, al artista le seguía interesando por encima de todo dar conciertos, ya fuese Manolito Pe Tinto, o U2.

Ahora ocurre algo parecido, pero el rescoldo que antes eran las cintas de cassete y el VHS se ha incrementado infinitamente, y el espacio que ocupan se ha reducido al absurdo. Si antes se necesitaba un grabador y un tipo de cinta para cada cosa, ahora se tiene en un único aparato todo lo que se necesita: en un PC. En un PC se tiene todo, incluido medios que antes estaban al alcance, exclusivamente, de los distribuidores de contenidos:

  1. Acceso a los contenidos. Basta una tarjeta sintonizadora de Televisión (que incluye TDT, analógica y la radio, y que también puede servir para televisión por satélite) y una conexión a internet.
  2. Almacenamiento masivo. Disco duro.
  3. Copia masiva. Otra vez internet con el p2p, y las unidades ópticas y puertos USB.

Cuando realizar una copia (privada) de un CD era costoso y escaso (en 1997 las grabadoras de CD eran muy caras, y los CD grabables también) el rescoldo era reducido. A los intermediarios no les preocupaba que los ricos pudieran copiar los productos que comercializaban y en esos productos no se aplicaba Canon, o al menos no se había oído hablar del mismo. Pero claro, en cuanto el PC doméstico básico bajó de la barrera de los 900 €, las grabadoras de CD bajaron de la barrera de los 120 € y aparecieron las grabadoras de DVD con la perspectiva de, en unos años, tener un coste ridículo, los intermediarios clamaron al cielo y se inció la escalada de “aplicar el Canon al CD” que, por extensión, invadió al DVD, y ahora a todos los dispositivos digitales multipropósito con capacidad de almacenamiento (discos duros, tarjetas de memoria, lápices USB,…).

El problema es el “multipropósito”. En este tipo de dispositivos, aplicar un Canon (sobreprecio compensatorio) es exagerado, porque no sólo sirven para realizar copias privadas. En cuanto a las cintas de VHS y las de cassete, su uso era exclusivamente el vídeo en un caso y el audio en el otro (hasta que salieron cosas como el Spectrum, dicho sea de paso), y el uso mayoritario de las mismas era grabar de la TV y de la radio, y el consumidor, aunque pagase el Canon de las unidades destinadas a sus propias producciones (vídeos familiares, ensayos de música, etc.), no lo veía un agravio. En esos casos, el Canon era igualmente injusto, pero estaba aceptado. O quizá era algo desconocido por la sociedad.

En cualquier caso, el Canon se justificaba por las grabaciones de la radio y la tele. Por lo tanto, no podían ser ilegales, ya que de serlo, el Canon sería algo así como “la justicia por mi mano”. Sería algo ilegal para combatir algo ilegal: dos veces ilegal.

Hoy en día, eso no es así. En miles de PC y discos duros no está permitido el almacenamiento de contenido audiovisual de terceros, y pagan Canon. Hoy en día, cualquier trabajo propio se guarda en CD, DVD, discos duros, tarjetas de memoria o lápices USB, y se paga Canon por el mero hecho de comprar esos soportes. El Canon ya no es tan indiscutible; de hecho, es un mecanismo arcaico que ya no tiene justificación para ser aplicado indiscriminadamente. Sin embargo, tenemos que oir o leer los improperios de Teddy Bautista o de Ramoncín insultando a los consumidores de soportes digitales y a los que usamos copias privadas al amparo de la Ley de España.

Los intermediarios no son capaces de adaptarse a la realidad, y pretenden frenarla. Es decir, la tecnología ha dado un salto inmenso en cuanto a la difusión de contenidos (la capacidad disponible para copiar un contenido digital sólo tiene como límite el de los medios de almacenamiento), y como los intermediarios entre los creadores y los consumidores no saben o no pueden adaptarse a ella, persiguen a ambos colectivos con artimañas ante tribunales. A los creadores, casi coaccionándolos para que se asocien en entidades de gestión de derechos de autor, obligándolos a firmar contratos, cuando los artistas emergentes contestan en entrevistas cosas como éstas:

El otro día no estaba todavía en emule. Lo iba a poner yo, pero veo que me han ahorrado el trabajo. El disco lo damos mañana con la entrada si pagas 10 euros en vez de 6. Barato, barato. Que se lo compre el que le sobren 4 euros. El que no, que se lo baje

Los Acusicas, hablando de su disco para
El Mundo. Tomado del blog de David Bravo

Y también molestan a los consumidores colándose en bodas en España, denunciando a particulares y a niños en Estados Unidos e insultando a todo el mundo por bajarse música de Internet (yo no soy ningún pirata, oiga, me ampara un código penal).

Y ahora se le une el autoproclamado “Gobierno de España”, que no es más que un subgrupo de uno de los poderes. Los políticos que han puesto eso en circulación no deben saber que varios de los poderes de España (en la que afortunadamente hay división de poderes) han dictaminado y están defendiendo que la copia privada sin ánimo de lucro es legal. Porque no es ilegal, y si algo no es ilegal entonces sólo puede ser legal.

Todos en evidencia gracias al progreso de la tecnología.

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Escrito por Gabriel Viso Carrera

02/01/2009 a 16:05

Una respuesta

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  1. También cabe citar la estrategia de desinformación que se está siguiendo por parte, tanto de las asociaciones tipo SGAE como por parte de este tipo de “iniciativas” del Gobierno.

    Sin ir más lejos, supongo que habrás leído por ahí algo acerca de una profesora (creo que fue en EEUU, dónde si no), que confiscó a uno de sus alumnos unos cuantos discos de una distribución de Linux porque, según ella, era “algo ilegal”, y luego envió un email al autor de dicha distribución tachándolo de actuar al margen de la ley.

    Al final, con toda esta movida estamos llegando a un punto en el que no existe la comunidad, no existen las aportaciones no lucrativas, no existe el trabajo en equipo, no existen las alternativas… O pagas o es ilegal.

    Sparkster

    03/01/2009 a 11:03


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