Menú

Gabriel Viso

Un blog y un podcast, por Gabriel Viso

Nadie te manda leer a Dan Brown

¿Tiene pinta de preocuparle?Estos días llega a los quioscos y librerías el nuevo libro de Dan Brown, “El símbolo perdido“. Al mismo tiempo, hemos asistido a la típica corriente de detractores de este hombre, que son muchos. Y, lo que es peor, también hay detractores de los lectores de este señor, lo cual me parece el colmo.

En Onda Cero se han dedicado a criticar a los entusiastas de las conspiraciones, alegando que la gente que le gustan las conspiraciones son personas con poca cultura y acomplejadas por su falta de poder. De vez en cuando se oía un “yo no leo a Dan Brown, es basura“.

En los comentarios de las noticias, en los blogs y en los círculos literarios, mucha gente se pregunta indignada el porqué del éxito de este señor. Y se indignan y se enfadan. No lo entienden porque, dicen, sus libros están pésimamente escritos, y lo dicen ellos, filólogos y licenciados en literatura. Muchos escritores se rasgan las vestiduras y dan la espalda al hecho de que este señor ha sabido llegar a quien probablemente ellos no han sabido entretener o cautivar, criticándolo en vez de tratar de entenderlo (en ese sentido, Laura Espido Freire es una mujer de lo más razonable: sin rajar del libro, proclamó que aunque no le interesa la novela lo leerá, porque sí le interesa entender qué ocurre en su oficio).

Bueno, pues yo creo que nadie espera que nadie entienda nada. Al menos para mí, nadie tiene que molestarse en analizar “qué demonios le pasa a la gente para dedicarse a leer basura en vez de libros sesudos” (obviamente esta frase está cargada de ironía, por si acaso la pondré entre comillas). En mi opinión está claro que hay libros mejores, pero ojo: Dan Brown es un señor al que respeto y envidio muchísimo.

  1. Escribe lo que le da la gana (al fin y al cabo, es ficción), y se divierte con ello.
  2. Mucha gente se divierte y le paga por lo que escribe. Se gana la vida haciendo lo que le gusta. Independientemente del dinero que le sobre, es rico por el hecho de ganarse la vida haciendo lo que le gusta.
  3. Sigue escribiendo gracias a que mucha gente se divierte.
  4. Alguna gente lo critica. A ver por qué vende este señor, si escribe fatal. ¡Habráse visto! No se dan cuenta de que le están haciendo publicidad, por otro lado.
  5. Otra gente que ni le va ni le viene, lee el libro para ver qué pasa y por qué la gente de (4) lo critica. Esa gente se convierte o bien en gente de tipo (2), o bien en gente de tipo (4), o no. A lo mejor sigue viviendo su vida y leyendo lo que fuera que leyese porque el rollo de este señor ni le va ni le viene, pero en cualquier caso, ha contribuido a que este buen hombre se siga ganando la vida porque probablemente se haya comprado el libro.

En cualquier caso, lo que muchos de sus críticos no entienden es que el 90% de la gente que lee un libro lo hace para pasar el rato. Es así de sencillo; puede ser afortunado o triste, pero es real. No le importa que el argumento sea lineal y sólo complicado a base de hacer que el protagonista resuelva un rompecabezas cada dos capítulos. Tampoco le preocupa que “haya muchísimos errores garrafales en la geografía de París”, ni que este hombre se sirva de combinar conspiración y polémica para enganchar a cuanta más gente mejor. Creo que hay un público enorme que lo que busca es un pasatiempo, y lo encuentra en libros claros, fáciles de leer y con elementos adictivos como la conspiración y la polémica. Quien no entienda cómo escribiendo algo tan simple y “mal escrito” (pues vale), que se pregunte si eso tiene que tener explicación. La única explicación que hay es la más simple: hay distintos tipos de público. Algunas personas pertenecen al público A, y otras al B.

Hay público para obras más difíciles y ricas, otro público para obras más sencillas y menos llenas de alardes, o con menos calidad en las formas, o con más imprecisiones en sus referencias a la realidad. Si uno sabe que no pertenece a un determinado público, lo mejor que puede hacer es vivir tranquilo y dejar de criticar lo que le gusta (o no le gusta) a los demás. Si no te gusta lo que escribe Dan Brown, relájate y lee otra cosa.

P.D.: A mí sus libros me parecen entretenidos y divertidos, y los leo aunque no engrandezcan mi espíritu.

¿Portátil corporativo inestable?: pon una máquina virtual en su vida

Muchas veces, cuando entramos a trabajar en una empresa determinada, recibimos un ordenador portátil para realizar nuestro trabajo. Estos portátiles suelen venir con una configuración a medida para la empresa, un conjunto de herramientas adecuadas para realizar un trabajo determinado (por ejemplo: ofimática, herramientas a medida de facturación, estimación de esfuerzo y costes, control de incurridos), pero probablemente y según nuestro perfil necesitemos hacer más cosas con esos portátiles.

Ese, como el de tantos otros, es mi caso. Por mi trabajo necesito realizar muchas pruebas de concepto para saber si una determinada solución técnica tiene sentido y es realizable. Tengo que instalar y desinstalar muchas librerías de desarrollo, servidores Web, contenedores de servlets, emuladores de todo tipo, servidores de bases de datos, entornos de desarrollo, componentes de tiempo de ejecución, y a menudo el conjunto de herramientas instaladas en mi portátil cambia varias veces por semana. Probablemente, además, tenga que instalar una arquitectura técnica completa que no está diseñada para funcionar en un portátil, y por eso tenga que echar mano de muchas soluciones drásticas que Windows XP no está demasiado bien preparado para soportar. No pasa una semana sin que el sistema se bloquee, o sin que un determinado día el portátil tarde 20 minutos en arrancar después de algún reinicio de emergencia. Por eso, en casos como el mío, el portátil no se suele mantener estable demasiado tiempo, lo que obliga a mandarlo durante un par de días al servicio técnico para que restauren aquello que se haya roto. Un contratiempo incómodo y caro por el tiempo perdido.

Desde hace un tiempo, lo que hago para paliar esos problemas es usar exclusivamente máquinas virtuales. En el PC “real” no hago más que escribir documentación y usar el correo electrónico y esas otras herramientas. Cuando me dan un portátil corporativo, no le instalo más que lo mínimo para poder trabajar correctamente: quizá como mucho el Firefox y el programa de turno para sincronizar Outlook con el móvil. Quizá algo más, pero poco. Acto seguido, instalo un emulador de máquinas virtuales tipo VirtualPC, VirtualBox, etc., y con él instalo una copia de Windows XP (con licencia de la empresa en la que trabajo). Cuando lo tengo todo bien instalado, guardo una copia de la misma en un disco duro externo, y a por ella.

A la máquina virtual le hago de todo, y si se muere, no pasa nada: vuelvo a la copia de seguridad. Sé que así puedo hacer cualquier prueba de concepto que podría hacer con el PC “real”, pero sin poner en peligro la estabilidad del portátil “real”. Además, con los procesadores actuales, es más que frecuente que mientras al PC “real” se le note algo lento en el arranque tanto del mismo como de los programas, a la máquina virtual se le note mucho más ágil, ya que el sistema operativo está completamente limpio y sus unidades de disco (virtuales) prácticamente vacías.

Desde que hago esto, mi experiencia en este sentido es muy satisfactoria y mi productividad a la hora de realizar pruebas de concepto es mucho más alta.