¿Portátil corporativo inestable?: pon una máquina virtual en su vida
Muchas veces, cuando entramos a trabajar en una empresa determinada, recibimos un ordenador portátil para realizar nuestro trabajo. Estos portátiles suelen venir con una configuración a medida para la empresa, un conjunto de herramientas adecuadas para realizar un trabajo determinado (por ejemplo: ofimática, herramientas a medida de facturación, estimación de esfuerzo y costes, control de incurridos), pero probablemente y según nuestro perfil necesitemos hacer más cosas con esos portátiles.
Ese, como el de tantos otros, es mi caso. Por mi trabajo necesito realizar muchas pruebas de concepto para saber si una determinada solución técnica tiene sentido y es realizable. Tengo que instalar y desinstalar muchas librerías de desarrollo, servidores Web, contenedores de servlets, emuladores de todo tipo, servidores de bases de datos, entornos de desarrollo, componentes de tiempo de ejecución, y a menudo el conjunto de herramientas instaladas en mi portátil cambia varias veces por semana. Probablemente, además, tenga que instalar una arquitectura técnica completa que no está diseñada para funcionar en un portátil, y por eso tenga que echar mano de muchas soluciones drásticas que Windows XP no está demasiado bien preparado para soportar. No pasa una semana sin que el sistema se bloquee, o sin que un determinado día el portátil tarde 20 minutos en arrancar después de algún reinicio de emergencia. Por eso, en casos como el mío, el portátil no se suele mantener estable demasiado tiempo, lo que obliga a mandarlo durante un par de días al servicio técnico para que restauren aquello que se haya roto. Un contratiempo incómodo y caro por el tiempo perdido.
Desde hace un tiempo, lo que hago para paliar esos problemas es usar exclusivamente máquinas virtuales. En el PC “real” no hago más que escribir documentación y usar el correo electrónico y esas otras herramientas. Cuando me dan un portátil corporativo, no le instalo más que lo mínimo para poder trabajar correctamente: quizá como mucho el Firefox y el programa de turno para sincronizar Outlook con el móvil. Quizá algo más, pero poco. Acto seguido, instalo un emulador de máquinas virtuales tipo VirtualPC, VirtualBox, etc., y con él instalo una copia de Windows XP (con licencia de la empresa en la que trabajo). Cuando lo tengo todo bien instalado, guardo una copia de la misma en un disco duro externo, y a por ella.
A la máquina virtual le hago de todo, y si se muere, no pasa nada: vuelvo a la copia de seguridad. Sé que así puedo hacer cualquier prueba de concepto que podría hacer con el PC “real”, pero sin poner en peligro la estabilidad del portátil “real”. Además, con los procesadores actuales, es más que frecuente que mientras al PC “real” se le note algo lento en el arranque tanto del mismo como de los programas, a la máquina virtual se le note mucho más ágil, ya que el sistema operativo está completamente limpio y sus unidades de disco (virtuales) prácticamente vacías.
Desde que hago esto, mi experiencia en este sentido es muy satisfactoria y mi productividad a la hora de realizar pruebas de concepto es mucho más alta.




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31/10/2009 a 15:00