Viaje con nosotros – Birmingham, Alabama
Pues nada, aquí estamos en Birmingham, una ciudad industrial en el estado de Alabama. Me ha tocado coger un avión para dar un curso a un grupo de desarrolladores de por aquí, sobre una arquitectura en la que llevo cerca de 3 años trabajando.
Es una ciudad pequeña. El centro financiero de la ciudad (lo que en Estados Unidos llaman el downtown) no es mucho más grande que la zona comprendida entre el Santiago Bernabeu y Nuevos Ministerios en Madrid, entre la plaza de Lima y la calle de Raimundo Fdez. Villaverde. Fuera del downtown, la cuidad recuerda a lo que recordamos ver en teleseries como El Coche Fantástico y El Equipo A: construcciones industriales de planta baja, calles anchas y semáforos colgantes. Más hacia las afueras hay zonas residenciales de casas unifamiliares.
La comida es bastante buena. La mayor parte de recetas que no son de carne a la barbacoa se basan en gambas, langosta americana y pescado; es bastante popular un pescado llamado mahi-mahi, “dorado” en Costa Rica (que no tiene nada que ver con la dorada). Todas las recetas llevan bastantes condimentos, en ocasiones picante, y es frecuente tener en un mismo plato gambas, pescado, panceta y queso, aparte de chile, tomate (tienen un tomate buenísimo por aquí) y cebolla. Muchas de las salsas que he probado y que echan al pescado están basadas en queso en lugar de estar basadas en nata. No está mal; me es difícil explicar el resultado de combinar gambas o pescado con queso, pero el resultado es bastante sabroso. Y también pesado. El hotel tiene gimnasio, y ya me he comprado unas zapatillas y algo para poder bajar y hacer bicicleta porque si no esto va a ser peor que la Navidad, y voy a volver peor que El Tenazas.
La gente del lugar es muy amable y simpática. Por aquí causa furor combinar los pantalones de pinzas con zapatillas deportivas blancas, y los coches con llantas cromadas brillantes.
Hay anécdotas bastante graciosas; aquí te piden el carnet de identidad si aparentas menos de 30 años, y la primera vez choca mucho. Y al trabajar con ellos te das cuenta de que el Inglés es un lenguaje maquiavélico, perversamente calculado para que los que somos de fuera metamos la pata de la manera más vergonzosa. Resulta que debugger, “depurador”, que es una palabra muy común en nuestro trabajo, está peligrosamente cerca de “the bugger”, fonéticamente hablando, que significa “el sodomita”. Así que si en lugar de decir /dibaguer/ (correcto) dices /debuguer/ (incorrecto), la gente se parte la caja. Y con razón, porque después de todo, estás tratando de encontrar un error en un programa utilizando a un sodomita para ello.
Otra cosa particular de por aquí, llamativo por el contraste con algunas zonas españolas, es el lenguaje corporal de la gente: te hablan a 2 metros, y si se acercan demasiado quedándose a un metro de tí, dan un salto atrás completamente avergonzados y te piden disculpas como si te hubieran pisado.

Calle típica, fuera del centro. Por este tipo de calles uno espera ver venir al Coche Fantástico, u oír derrapar a la furgoneta del Equipo A.
Otra cosa curiosa es que es difícil, o muy difícil, encontrar un bar, y si lo encuentras, el alcohol te lo venden a regañadientes. Por ejemplo, el otro día fuimos mi compañero de viaje y yo a cenar, y mientras esperábamos por dos cervezas me aparté un rato. Cuando volví, mi compañero estaba enzarzado con el camarero del bar, un tío afroamericano con un acento muy cerrado y rastas…
— Pero, ¿qué dices?, ¿¡cómo que dos cervezas!?
— Que sí, dos… dos cerve… eh, sí, pues eso: pues dos cervezas de toda la vida…
— Pero, ¿no las prefieres una detrás de otra?
— ¡¿Cómo?! No, que no, ¡pero si una es para otro tío!
— Pero a ver, a ver: tú, ¿a quién del bar vas a invitar? –en ese momento aparezco yo– … ah, ¡que la otra es para este tío!
— Claro, hombre…
— Ah, bueno, en ese caso sí.
Hablando de cervezas: la Samuel Adams (una cerveza de Boston) está buenísima. Intentaré encontrarla en España, merece la pena y no tiene nada que envidiar a ninguna cerveza europea.
Es un sitio interesante para venir dos semanas y cambiar de aires.





Oye pues las calles me recuerdan también a los pueblos sórdidos del GTA :D
Pero vamos, tiene pinta de ser tranquilo eso sí. Y lo del hotel con gimnasio es buena cosa.
Me hace gracia lo de que se escandalicen por pedir dos cervezas jeje
Esteban
25/01/2010 a 11:08
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25/01/2010 a 12:43