El voto útil, el egoísmo y la democracia

Os voy a contar un opinión que tengo, y que es muy inquietante acerca de algo que pienso que lleva produciéndose desde que existe la propaganda, la demagogia y el populismo. Y es que los resultados de las elecciones no representan lo que es mejor para la mayoría, como querríamos y queremos creer, sino lo que la mayoría piensa que es mejor para la mayoría. Y esto es un drama, porque los problemas no se arreglan con la creencia de conocerlos, sino conociéndolos.

¿A dónde quiero llegar? A que se supone, nos han contado, nos han vendido, hecho creer, ¡porque es cierto!, que las elecciones y la democracia sirve para que el pueblo, como agregado de individuos de diferentes clases y realidades sociales, y que conviven,  gobierne su destino. Alce o derroque gobiernos haciendo uso de un proceso ordenado que se llama votar. Haciendo una derivada sencilla, la gente vota para entregar a unos elegidos el poder suficiente como para mejorar la situación. ¿La de quién? La del país. La situación de un país mejora si los problemas que atañen a su pueblo se corrigen. Por lo tanto, el pueblo debe votar para corregir sus problemas. Esto lo sabemos todos, pero conseguirlo no es tan fácil, ya que  eso se consigue si cada individuo vota para corregir sus problemas y los de nadie más.

La mejor conciencia social, esto es, la que mejor responde a la realidad social, no es más que la suma de las conciencias individuales, que son las que mejor responden a las realidades individuales.
Lo individual, agregado, forma lo colectivo.

Llevamos toda la vida repitiéndolo pero no lo hemos asumido. Cada vez que decimos que cada contribución tiene la misma importancia, que la diversidad es lo mejor, que la diferencia es la riqueza, que para gustos hay colores, no decimos otra cosa que el individualismo es el mejor camino para conseguir algo colectivo que sea verdaderamente representativo.

¿Qué ocurre cuando la propaganda, el carisma, las campañas políticas, la demagogia, el engaño, el control de masas, los enaltecimientos, los tabúes sociales, los movimientos virales, los bienintencionados que quieren encender las conciencias, los indignados, las pancartas, etcétera, surgen? Que la gente recibe influencias externas, y además de sus propios problemas, o de los de su entorno, recibe información de los problemas todo lo demás. Probablemente (ciertamente) manipulada y sesgada según quién la cuente. Como las personas somos generosas, y gozamos de un don llamado empatía, a lo mejor algunos nos contagiamos, sentimentalmente hablando, de los problemas de los demás. Y si un voto se acepta como un reflejo a un problema, en el sentido de que votamos un programa para solucionar unos problemas, ocurre que si nos contagiamos sentimentalmente de un problema nos contagiamos sentimentalmente de la preferencia por una solución. Y el problema es que a lo mejor eso arroja un resultado que no es el mejor para la situación real. A lo mejor, cuando lo hacemos, las elecciones dejan de funcionar.

Los problemas que un país sufre en su conjunto son la suma de los problemas individuales de sus habitantes. Es decir: la incidencia de la pobreza, del paro, de las enfermedades, del impacto de los impuestos, de la falta de subvenciones, de la falta de oportunidades, etcétera, es la suma de los habitantes individuales que, de forma independiente y objetiva, los sufren. Por lo tanto, si el resultado de unas elecciones representase la situación real de una población que, con su voto, intentase corregir su situación específica y personal, de forma independiente (sin haberse conmovido al oírse quejar al vecino o al ver las noticias), la “solución escogida” sería la que mejor se adaptaría a los problemas comunes a la mayoría. Esto es obvio. En dos palabras: si cada uno vota por y para sí, “egoístamente”, el resultado es el más preciso de todos los posibles: se sabe perfectamente que si alguien vota A es porque él necesita A, ya que A es el mejor resolutor para su problema.

Simplificando el ejemplo se ve claro: supón que 5 personas deben escoger por votación la mejor dieta para su salud, y 3 de ellas tienen sobrepeso y votan dieta sana, y 2 no. Los 3 indivíduos con sobrepeso votan dieta sana porque puede arreglar su problema. Los 2 afortunados flacuchos por constitución votan comida basura, alcohol y patatillas porque está más rico. Pese a ello, es obvio que lo mejor para la mayoría es la dieta sana y la votación lo dice: es la mejor posible, la proporción más precisa de problemas, y éstos en sí (el sobrepeso), han sido identificados inequívocamente por las soluciones votadas.

Pero, ¿qué ocurre si los que no tienen sobrepeso hacen propaganda de su opción?, ¿y si por ello alguno de los aquejados de sobrepeso “se conmueve” y vota comida basura (aunque luego lo compense intentando hacer ejercicio)? Pues que la votación arroja comida basura por mayoría.

¡Desastre!

Un observador externo podría pensar que lo que realmente necesita la mayoría es la comida basura, cuando clínicamente y atendiendo a las circunstancias reales, lo que se necesita es dieta sana. El problema es que un 20% de la población (uno de los señores con sobrepeso) ha sido manipulada y ha votado lo que cree, lo le han hecho creer, que es mejor para la mayoría, en lugar de lo que es mejor para él. Y no ha votado de forma independiente. Las consecuencias pueden ser trágicas, porque un 60% de la población queda expuesta a accidentes cardiovasculares: los 3 señores con sobrepeso.

¡La muerte!

Votando cada 4 años pasa lo mismo. En general y escuchando conversaciones de mi entorno he llegado a creer firmemente que no se  vota independientemente y atendiendo a problemas individuales. Los que de verdad han ocurrido. Votamos lo que suponemos que debemos votar, porque creemos que si lo votamos, el país se arregla. Porque creemos que es lo mejor para la mayoría. Porque las campañas propagandísticas de susto y miedo nos influyen, se propagan, y contagian.

Hay un problema de cucarachas en el edificio, sí, pero cuidado, no votes al exterminador porque… ¡El problema es el coco!, ¡que viene el coco!, ¡que viene!, ¡vota al matacocos! ¿Y si realmente no venía el coco, qué pinta ese menda en el poder? Y, ¿todas estas cucarachas por qué siguen aquí?

Si aceptamos las elecciones como el ejercicio que las personas hacemos para tratar de corregir unos problemas reales que estamos sufriendo, pero no votamos para paliar los problemas reales que estamos sufriendo cada uno, sino los que nos cuentan que realmente estamos sufriendo, no estamos votando para resolver nuestros problemas. Si nos dejamos influenciar por lo que los demás nos señalan como lo importante, lo correcto, lo moral; si los demás nos dictan la conciencia social y perdemos nuestra propia conciencia individual, lo que votamos no es lo que necesita la mayoría. Es un compuesto entre lo que algunos necesitan, y lo que otros piensan que es lo mejor para la mayoría. Dicho de una forma más grosera, se deja de votar para arreglar los problemas reales, y se empieza a votar para arreglar los problemas que creemos que son reales. Dejamos de votar para nosotros mismos y votamos para arreglar lo que pensamos que es mejor para la mayoría. Si cada uno vota lo que cree que es mejor para la mayoría, esconocemos la verdadera distribución de los problemas.  Y por lo tanto, la solución escogida por mayoría responde a lo que la mayoría cree, no a lo que la mayoría sufre. Tenemos unos problemas concretos como individuos, pero votamos para arreglar los problemas que creemos que tienen los otros 47.000.000.

¡Es difícil acertar con lo que es mejor para la mayoría! Deja que la estadística haga su trabajo.

Y en ese momento, estamos a merced de lo que nos hagan creer. Porque como no podemos preguntarle a los otros 47.000.000 de personas cuáles son sus problemas reales, porque como estamos votando según la foto de España que los políticos y medios de comunicación nos inyectan en la retina y en los tímpanos, estamos a merced de lo bien que nos los cuenten.

Y por lo tanto, en realidad no tenemos ni zorra idea de lo que es mejor para el país, pero votamos pensando que sí, y lo peor es que le pretendemos dar lecciones de superioridad moral a los que no votan lo que nosotros votamos. Y así, destruimos el país, corrompemos las elecciones y prostituimos la democracia. Y no tendremos nunca la solución a nuestros problemas mientras no nos miremos cada uno nuestro propio ombligo y cada uno actuemos pensando en nosotros mismo.

La independencia total y absoluta, el más puro egoísmo en el voto es lo único que puede hacer funcionar, estadísticamente hablando, la democracia.

Lo mejor que le podéis decir a quien os critique por haber votado a lo que habéis votado, es que mejor nos iría a todos si te  metieras en tu propia vida. Si queréis decirlo suavecito.

2 comentarios en “El voto útil, el egoísmo y la democracia

  1. Es una perspectiva interesante. Estoy de acuerdo en que la gente vota en su conjunto a una imagen de país que se le ha vendido, a veces sin darse cuenta de que esto no es lo mejor para ellos mismos.

    Pero no puedo compartir completamente la afirmación de que el mas puro egoísmo e la única solución. ¿Donde encajan en ese modelo las externalidades negativas? ¿Que ocurre con las variables ocultas? ¿como afecta el factor tiempo?

    Según tu postura, yo debería votar hoy en contra de la sanidad pública porque estoy sano, y dentro de 4 años votar a favor si estoy enfermo. Sin embargo, existen externalidades como la inmunidad de grupo que hacen que un sistema de cobertura global tenga un cose medio (C_enfermo*P_enfermo+C_sano*P_sano) menor, lo que quiere decir que si quiero minimizar mi gasto a largo plazo debo de fomentar esta inmunidad invirtiendo mi dinero en el bienestar de otros, aunque eso parezca una mala decisión a corto. Este tipo de cosas son indiscutiblemente ciertas, en el sentido de que son argumentos establecidos y apoyados por la mayoría de la comunidad científica, y sin embargo tu Average Joe no puede conocerlos.

    Resumiendo, tu argumento del voto egoísta esta bien en casos claros, como tu ejemplo, pero se estropea para temas que son demasiado enrevesados en los que “lo mejor para mi” no es algo evidente a los sentidos y la mejor solución es una visión global. El problema es que el votar por una “visión global” también tiene los problemas que tu has dicho. Nos hallamos entonces ante la paradoja de que una actitud no nos permite realizar tantas mejoras, pero la otra abre la puerta tanto a mejoras como a empeoramientos.

    Hay mucha teoría sobre mercados que son imperfectos en los que la oferna-demanda alcanza un equilibrio pero este no es el óptimo, no quiero enrollarme más pero seguro que te suena un tal John Nash 😉

    1. No hay que hacer una interpretación estricta, y todo se puede ampliar con comentarios como ese.

      Además de curar también vale votar para prevenir. Todo depende de tu pirámide de satisfacción. Si ahora mismo estás bien, lo normal es que te enfoques en lo que viene por delante: si te preocupa enfermar a medio plazo, tendrás que votar para prevenir ese problema. Lo importante es que votes por tí mismo, lo mejor para tí, o si quieres para tu entorno más cercano, sin importarte lo que te digan fuentes externas que a saber qué intereses tienen, y que pueden no coincidir con los tuyos.

      Lo importante de unas elecciones es que se refleje lo que la mayoría quiere o identifica como lo mejor para sí, y no lo que la mayoría piensa que la mayoría quiere o identifica como lo mejor para sí.

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