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Gabriel Viso

Un blog y un podcast, por Gabriel Viso

Volver a un concierto de MUSE

Volver a un concierto de MUSE es algo que tengo pendiente y quiero hacer. Sin embargo, es difícil si las entradas se agotan a los 10 segundos de ponerse a la venta. Es lo que tiene que tu grupo favorito sea tan bueno (que no quiere decir que sea comercial).

El dilema de volver a lo simple

Estoy volviendo a lo simple. El mundo, en general, debería volver a lo simple. Pero volver a lo simple te puede aislar, o puede llevar a otras personas a complicar su vida. Es el puñetero dilema del mundo en el que vivimos, que se está volviendo demasiado complicado, y hay que pensar bien si, o dónde, queremos estar o no estar.

De un tiempo a esta parte (los que me seguís en twitter habréis seguido el proceso), he intentado simplificar al máximo mi vida digital si lo queréis ver así, o mi presencia, o mi actividad en las redes sociales. Primero me deshice de Path, luego de Pinterest (a la que volví, pero volverá a caerse de mi actividad más pronto que tarde), la siguieron Tuenti y el gran hito de mi faceta gafaspastas: borré mi cuenta de Facebook. Ayer dí por terminada mi etapa en Blogger aparcando definitivamente el que fue mi primer blog, Bitácora de Maquinaciones, y borré un tumbr que me hice para probar, el de El Perro Langosta. Por el camino también cerré mi cuenta de Viadeo y de Infojobs para centrarme en LinkedIn, y estoy cerrando mi cuenta de iTunes. Y alguna otra he cerrado pero no lo recuerdo.

Lo que trato es de centrarme. Escribir aquí. Interactuar en twitter y Google+ a nivel personal, y en LinkedIn en el plano laboral. Instagram para compartir fotos; de hecho, estoy valorando seriamente cerrar mi cuenta de Flickr.

Sin embargo, sé que esto es demasiado y al mismo tiempo, muy poco. Me explico: para mucha gente se terminará su contacto conmigo. Es “demasiado cerrar” porque no puedo evitar que algunas personas hayan reducido el tiempo que me dedican a ver si hay algo nuevo en Facebook, y no estarán dispuestas a abrirse una cuenta de Twitter o de Google+. Al mismo tiempo, yo pierdo algunos contenidos interesantes de empresas, contactos o eventos que sólo tienen presencia en unas redes sociales concretas. Es “muy poco cerrar”, porque sigo teniendo al menos 5 identidades en redes sociales: twitter, Google, WordPress, LinkedIn, Yahoo!/Flickr.

Supongo que la solución a el problema de las “identidades múltiples” está en que cada servicio tiene su esquema de usuarios y no hay un mecanismo tipo OAuth lo suficientemente extendido. Pero realmente creo que esto sería solamente un alivio sintomático: el problema de raíz está en la cantidad de información que queremos consumir, o que creemos que queremos consumir.

¿Realmente queremos tanto?

WhatsApp no es una red social

El otro día (hace una semana, más o menos) llegó a mí una entrada en el blog de elogia.net acerca de WhatsApp, denominándolo “la nueva red social”.

Pese a que el artículo contiene muchas cosas interesantes y valora el uso de esta herramienta de mensajería instantánea como canal de marketing  no puedo estar de acuerdo en el título ni con gran parte de la entrada, ya que etiqueta una simple herramienta de mensajes de texto como una red social. En esta entrada simplemente voy a organizar mis argumentos al respecto.

  1. WhatsApp no tiene perfil personal ni indexable (no sale en las búsquedas). Cuando instalas la herramienta te pide una fotografía para que aparezca en la lista de tus contactos, y un nombre por si alguno de tus contactos tiene un sistema operativo (Windows Phone 7 e iOS) que impide que aparezca el nombre de tu tarjeta de contacto en la agenda. Esto no es un perfil, sino una identificación. Y además, ni siquiera es personal. “La cuenta de WhatsApp” no está vinculada a una persona (a tí), sino a un teléfono móvil. Es decir, si tienes dos líneas telefónicas automáticamente tienes dos “cuentas” en WhatsApp, y además sólo se puede usar en el móvil. Por lo tanto, ni es un perfil ni es personal.
  2. No tiene contactos propios, ya que lee automáticamente la agenda, y además no existe la noción de seguimiento por interés, es decir: si tienes un teléfono anotado y esa persona tiene WhatsApp, automáticamente es un contacto de WhatsApp. Como si es el carnicero de la esquina o el casero.
  3. No se puede saber quiénes son los contactos de otra persona, ni se puede solicitar ser contacto de alguien a través de la propia herramienta: tienes que pedirle su teléfono personalmente. Esto, para mí, es un alivio.
  4. No existe clasificación de usuarios en función de ningún criterio social. Cuando tienes una serie de contactos en una red social, o perfiles a los que sigues, normalmente puedes segmentarlos para organizar la información que recibes de acuerdo a tus intereses. Por ejemplo, en Facebook y LinkedIn hay tanto sub-redes como grupos. Ambas categorías tienen asociados elementos geográficos (sub-redes por país) o sociales, ya que en un grupo hay que especificar de qué va. Por ejemplo, el “Grupo de amigos del cocido”: describen una facción de la sociedad con uno o más intereses o características comunes. En otros casos más simples y que se acercan peligrosamente a lo que no es una red social, como Twitter, se tienen las listas y los hashtags, que permiten estructurar tanto a las personas seguidas como a las que no, y a la actividad total de la red a través de las búsquedas.
  5. Conversaciones excluyentes: usar WhatsApp es sinónimo de conversaciones entre una o varias personas. Para poder hacerlo, tienes que ser tolerado y de hecho invitado a la conversación. Esa conversación no tiene una temática de interés general obligatoriamente (puedes abrir una conversación para hacer la pregunta total: “Fran:… ¿qué?“) y no es pública. Con WhatsApp no se puede obtener información de fuentes arbitrarias, a diferencia de con cualquier red social. Las redes sociales deben servir necesariamente para socializar. Es decir, nos ayudan a aprender de los demás y obtener información interesante de gente que podamos conocer, o no. En WhatsApp no existe una corriente de información que poder compartir mediante un sistema de tipo promocional, como el +1, el retweet o el “Me gusta”. Son conversaciones personales excluyentes y que por definición no deberíamos compartir con nadie…

En definitiva, WhatsApp es lo que es: es una herramienta de mensajería de texto cuya única pretensión es mejorar los mensajes de texto de la telefonía móvil, nada más. No es una red social, y además debería ser prueba suficiente de ello que todas las redes sociales, por sencillas que sean, tienen esquemas de mensajería iguales o mejores que el propio WhatsApp: Facebook Messenger, Messenger de Google+ y sus quedadas (hangouts), los mensajes directos de Twitter, el InMail de Linkedin, los chats de Tuenti,… Si para una red social de verdad algo así es un mero accesorio, está claro que es lo que es.

Enlaces a mis comentarios en la entrada (por si me dejo algo): el primero, el segundo, y el tercero.