Archivos mensuales: Enero 2013

Volver a aprender a leer (con calma)

Aprovecho el ratito que me sobra después de comer para compartir una preocupación que tengo, y es que últimamente tengo un vicio muy malo leyendo.

En el trabajo leo muchos documentos y correos “en diagonal”, es decir, hojeo rápidamente el contenido para separar el grano de la paja y no perder el tiempo. Lo peor de todo es que este vicio ha invadido mi lectura personal, y muchas veces me encuentro leyendo en diagonal páginas e incluso capítulos (en el caso de libros con capítulos cortos), sin piedad, y perdiéndome pasajes enteros de reflexiones del protagonista, o descripciones que debería leer para disfrutar más de los libros.

Así que una cosa que tengo que hacer cuando el trabajo y los cursos y demás berenjenales en los que me meto me dejen, es volver a aprender a leer con calma.

Sin papel – granitos de arena

Soy un tipo bastante consciente del medioambiente. No me considero un abanderado del ecologismo, ni un activista verde, ni uso palabrejas de moda como “sostenible” (que, aunque me fastidie que esté tan de moda, está bien usada). Estoy orgulloso de comer carne y pescado; pescado más que carne.

Uso el coche lo que necesito dentro de lo razonable, y normalmente lo uso bastante porque tengo muy poco tiempo libre y siempre que lo uso es porque me permite ahorrar tiempo. Es decir, si voy en coche al trabajo tardo 15 minutos, si voy en transporte público tardo 1:05 horas. Pero no lo uso sin motivo: cuando me voy de cachondeo por ahí, no lo llevo. Y tengo mucho interés en que el coche eléctrico salga adelante, siempre que lo haga de una forma que nos permita recargarlo de electricidad de forma barata y limpia.

En cualquier caso: lo que no hago es manchar por manchar ni gastar por gastar. Separo los residuos. Cargo bien la lavadora. Uso el lavavajillas. Me abrigo en invierno para no abusar de la calefacción. Todas las pilas de mi casa están siendo sustituídas por pilas recargables. Ya no me compro aparatos que no tengan la posibilidad del uso de baterías o pilas recargables, y lo hago por principios.

Aunque tengo cosa que pulir, como el uso de servilletas de papel, estoy reduciendo al máximo el uso de papel. Siempre que las empresas me lo permiten, doy de baja el envío de correspondencia en papel: tengo correo electrónico; aunque parece una obviedad hay empresas que no lo conocen todavía, como muchos bancos. Intento no usar papel en el trabajo: hace más de 6 meses que no imprimo nada ni saco fotocopias salvo aquello que me piden en papel por algún trámite. Siempre que me piden que envíe una fotocopia de algo pregunto si les vale con una foto de buena calidad por correo electrónico. Si uso un papel para escribir algo en sucio, no lo tiro hasta que no queda ningún hueco sobre el que escribir. Aunque no considero un malgasto de papel comprar libros, porque duran toda la vida, tengo un lector electrónico. Y ya no compro libretas desde noviembre, porque me he comprado una tableta con la que soy capaz de tomar apuntes en las clases del máster y en las reuniones del trabajo. Las libretas que tengo las usaré para algún boceto, pero me durarán años y no compraré más.

No sé si sirve para algo, pero a mí me parece bien. No quiero convencer a nadie, porque habrá a quien mi actitud le parezca excesiva, ni quiero que me convenza nadie porque habrá a quien mi actitud le parezca insuficiente. Lo que espero que a alguno le pique el gusanillo y entre todos consigamos que el aire huela cada vez mejor cuando salgamos a la calle: aunque sólo sea por eso.

NOTA: al respecto de las servilletas de papel, no sé qué es peor: si lavar más y por lo tanto enviar más detergentes a las alcantarillas, o usar servilletas de papel. Creo que están bastante parejos.