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Thor: el mundo oscuro

Me acabo de tropezar por casualidad con un trailer del segundo largometraje de Thor, “subtitulado el mundo oscuro”.

Nunca presté demasiada atención a este personaje en los cómics, pero lo cierto es que con las películas de Marvel captó bastante mi atención, y sobre todo gracias a la puesta en escena de la parte asgardiana de la primera de ellas. Esta me la apunto para ir a verla al cine, seguro.

El Hombre de Acero

He ido a ver este domingo la nueva versión de Superman, “El Hombre de Acero”. Lo cierto es que me gustó, básicamente porque valoro más la coherencia en el guión que la cantidad de rechazo que pueden generar los excesos en efectos especiales y destrucción. Por ponernos en antecedentes, es una reinvención de Superman 1 y 2, en la que no aparece Lex Luthor y se cuenta, y en forma de recuerdos del protagonista, la infancia de Superman. Supone el comienzo de la historia de este personaje según los comics: la llegada del héroe a la Tierra y la posterior llegada de Zod y sus secuaces (aunque hay versiones en cómic en las que quien llega tras Superman es Brainiac –una inteligencia artificial Kryptoniana– y no Zod).

Es cierto que la película podría ser recortada unos 20 minutos en destrucción y escombros. En ese sentido, estoy totalmente de acuerdo en este punto con los detractores de esta versión. Sin embargo, que a una película le sobren 20 minutos de acción cuando se trata de ver a un ser todopoderoso partiéndose la cara con otro ser todopoderoso, me parece poco importante. Puedo disfrutar del resto de la película aún con esos 20 minutos más de acción.

En mi opinión, El Hombre de Acero (2013) da sopas con onda a Superman (1978) y Superman 2 (1980) en tres puntos bastante gordos. Que no tienen nada que ver con la cantidad de muerte, destrucción y efectos especiales, sino con la forma de contar una historia y la historia contada, es decir: tres cosas que se podrían haber hecho mejor en 1978 independientemente de los efectos especiales. Y más, y esto es lo sangrante, si sabemos que el guionista de Superman (1978) era el mismo Mario Puzo que escribió El Padrino.

  1. Zod, Krypton y Jor-El: por primera vez en el cine vemos el prólogo de la película como algo que tiene que ver con el argumento. En Superman (1978), el hecho de que Marlon Brando vestido de blanco y blandiendo un cetro de cristal condene a tres insurrectos a vivir dentro de un espejo sideral que da vueltas por el espacio no es más que eso: Marlon Brando vestido de blanco y blandiendo un cetro de cristal condenando a tres insurrectos a vivir dentro de un espejo sideral que da vueltas por el espacio. En El Hombre de Acero (2013), sabemos por qué Zod y toda su facción es condenada, por cuánto tiempo. Conocemos un poco más al personaje y sus motivaciones. También sabemos qué es eso de “La Zona Fantasma” y para qué se usa, y cómo funciona. Por otro lado, también conocemos a qué se dedicaba Jor-El y qué tenía que ver él con la destrucción de Krypton, por qué este planeta iba a explotar, y cuál era la situación antes de ello. En Superman (1978) sólo sabemos que unos opinaban que explotaría y otros no. Luego meten a un crío en una estrella de navidad y a volar. Tanto el crío como el planeta. 
  2. Kal-El y Zod. En El Hombre de Acero (2013) nos enteramos por primera vez en el cine qué tiene de especial el hijo de Jor-El y qué problema hay en que escape, y por qué Zod conoce su existencia y por qué lo persigue cuando se libera de la zona fantasma, y cuáles eran los intereses añadidos de Jor-El en enviar a su hijo específicamente a la Tierra. Esto, en Superman 2 (1980) se resuelve de la siguiente forma: una onda expansiva nuclear rompe el espejo sideral giratorio que, no se sabe bien por qué, ha ido a parar a nuestro Sistema Solar, y Zod y dos secuaces echan a volar por el universo con total naturalidad (recordemos que un Kriptoniano sin la luz del sol terrestre es un mequetrefe cualquiera) y aterrizan en la Luna. Con desenfado. Luego van a la Tierra, pero por nada en especial. Quizá debieron pensar que parecía más bonita que la Luna, vista desde allí. Claro que, una vez en la Tierra sembrando el terror, se encuentran con el otro. Si sabían que Superman estaba allí y por qué, el guionista no nos lo contó. Por otro lado, en Superman (1978), el interés de Jor-El en enviar a su hijo a la Tierra no es más que ese. Que no digo que no sea suficiente, pero no es más. Hale, un niño salvado: fin de la historia.
  3. Los personajes y la madurez de los mismos en el argumento. Sinceramente, en Superman (1978) todos los humanos, desde Lex Luthor a Lois Lane pasando por todos los personajes incluyendo a Clark Kent, son ridículamente tontos. De capirote. Y el argumento es para niños de 7 años: es una excusa para ponerle un arnés a Christopher Reeve y hacer que vuela, cosa que cuando yo tenía 7 años me parecía fantástica, pero después ya no. Sólo hay que recordar el razonamiento científico que lleva a Lex Luthor a descubrir que un meteoríto de Krypton puede matar a Superman, o el plan diabólico de volar medio país. En El Hombre de Acero (2013), salvo por Perry White (cuyo actor me cae fatal), la historia y los personajes mejoran mucho. De la historia en sí no voy a contar nada, pero tiene su miga y por lo menos tiene mucho más sentido que en Superman 2 (1980), que se centra en el mero hecho de que Zod quiera matar a Kal-El, ya que se lo encontró en el universo sin pretenderlo y por pura chiripa, sólo por venganza contra su padre.

Creo que es un muy buen punto de partida para hacer una segunda parte en la que Lex Luthor tenga cierto tamaño como villano y que haga más grande al héroe, al contrario de lo que pasaba en Superman (1978).

Por lo demás, los actores principales dan la talla, con mención especial por mi parte al intérprete de Zod, que se llama Michael Shannon, y que ya vimos en Sin Frenos (Premium Rush, 2013).