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Gabriel Viso

Un blog y un podcast, por Gabriel Viso

Me acabo de tropezar por casualidad con un trailer del segundo largometraje de Thor, “subtitulado el mundo oscuro”.

Nunca presté demasiada atención a este personaje en los cómics, pero lo cierto es que con las películas de Marvel captó bastante mi atención, y sobre todo gracias a la puesta en escena de la parte asgardiana de la primera de ellas. Esta me la apunto para ir a verla al cine, seguro.

El Hombre de Acero

He ido a ver este domingo la nueva versión de Superman, “El Hombre de Acero”. Lo cierto es que me gustó, básicamente porque valoro más la coherencia en el guión que la cantidad de rechazo que pueden generar los excesos en efectos especiales y destrucción. Por ponernos en antecedentes, es una reinvención de Superman 1 y 2, en la que no aparece Lex Luthor y se cuenta, y en forma de recuerdos del protagonista, la infancia de Superman. Supone el comienzo de la historia de este personaje según los comics: la llegada del héroe a la Tierra y la posterior llegada de Zod y sus secuaces (aunque hay versiones en cómic en las que quien llega tras Superman es Brainiac –una inteligencia artificial Kryptoniana– y no Zod).

Es cierto que la película podría ser recortada unos 20 minutos en destrucción y escombros. En ese sentido, estoy totalmente de acuerdo en este punto con los detractores de esta versión. Sin embargo, que a una película le sobren 20 minutos de acción cuando se trata de ver a un ser todopoderoso partiéndose la cara con otro ser todopoderoso, me parece poco importante. Puedo disfrutar del resto de la película aún con esos 20 minutos más de acción.

En mi opinión, El Hombre de Acero (2013) da sopas con onda a Superman (1978) y Superman 2 (1980) en tres puntos bastante gordos. Que no tienen nada que ver con la cantidad de muerte, destrucción y efectos especiales, sino con la forma de contar una historia y la historia contada, es decir: tres cosas que se podrían haber hecho mejor en 1978 independientemente de los efectos especiales. Y más, y esto es lo sangrante, si sabemos que el guionista de Superman (1978) era el mismo Mario Puzo que escribió El Padrino.

  1. Zod, Krypton y Jor-El: por primera vez en el cine vemos el prólogo de la película como algo que tiene que ver con el argumento. En Superman (1978), el hecho de que Marlon Brando vestido de blanco y blandiendo un cetro de cristal condene a tres insurrectos a vivir dentro de un espejo sideral que da vueltas por el espacio no es más que eso: Marlon Brando vestido de blanco y blandiendo un cetro de cristal condenando a tres insurrectos a vivir dentro de un espejo sideral que da vueltas por el espacio. En El Hombre de Acero (2013), sabemos por qué Zod y toda su facción es condenada, por cuánto tiempo. Conocemos un poco más al personaje y sus motivaciones. También sabemos qué es eso de “La Zona Fantasma” y para qué se usa, y cómo funciona. Por otro lado, también conocemos a qué se dedicaba Jor-El y qué tenía que ver él con la destrucción de Krypton, por qué este planeta iba a explotar, y cuál era la situación antes de ello. En Superman (1978) sólo sabemos que unos opinaban que explotaría y otros no. Luego meten a un crío en una estrella de navidad y a volar. Tanto el crío como el planeta. 
  2. Kal-El y Zod. En El Hombre de Acero (2013) nos enteramos por primera vez en el cine qué tiene de especial el hijo de Jor-El y qué problema hay en que escape, y por qué Zod conoce su existencia y por qué lo persigue cuando se libera de la zona fantasma, y cuáles eran los intereses añadidos de Jor-El en enviar a su hijo específicamente a la Tierra. Esto, en Superman 2 (1980) se resuelve de la siguiente forma: una onda expansiva nuclear rompe el espejo sideral giratorio que, no se sabe bien por qué, ha ido a parar a nuestro Sistema Solar, y Zod y dos secuaces echan a volar por el universo con total naturalidad (recordemos que un Kriptoniano sin la luz del sol terrestre es un mequetrefe cualquiera) y aterrizan en la Luna. Con desenfado. Luego van a la Tierra, pero por nada en especial. Quizá debieron pensar que parecía más bonita que la Luna, vista desde allí. Claro que, una vez en la Tierra sembrando el terror, se encuentran con el otro. Si sabían que Superman estaba allí y por qué, el guionista no nos lo contó. Por otro lado, en Superman (1978), el interés de Jor-El en enviar a su hijo a la Tierra no es más que ese. Que no digo que no sea suficiente, pero no es más. Hale, un niño salvado: fin de la historia.
  3. Los personajes y la madurez de los mismos en el argumento. Sinceramente, en Superman (1978) todos los humanos, desde Lex Luthor a Lois Lane pasando por todos los personajes incluyendo a Clark Kent, son ridículamente tontos. De capirote. Y el argumento es para niños de 7 años: es una excusa para ponerle un arnés a Christopher Reeve y hacer que vuela, cosa que cuando yo tenía 7 años me parecía fantástica, pero después ya no. Sólo hay que recordar el razonamiento científico que lleva a Lex Luthor a descubrir que un meteoríto de Krypton puede matar a Superman, o el plan diabólico de volar medio país. En El Hombre de Acero (2013), salvo por Perry White (cuyo actor me cae fatal), la historia y los personajes mejoran mucho. De la historia en sí no voy a contar nada, pero tiene su miga y por lo menos tiene mucho más sentido que en Superman 2 (1980), que se centra en el mero hecho de que Zod quiera matar a Kal-El, ya que se lo encontró en el universo sin pretenderlo y por pura chiripa, sólo por venganza contra su padre.

Creo que es un muy buen punto de partida para hacer una segunda parte en la que Lex Luthor tenga cierto tamaño como villano y que haga más grande al héroe, al contrario de lo que pasaba en Superman (1978).

Por lo demás, los actores principales dan la talla, con mención especial por mi parte al intérprete de Zod, que se llama Michael Shannon, y que ya vimos en Sin Frenos (Premium Rush, 2013).

El anuncio del ZX Spectrum +2

La máquina alucinante (1986 o incluso antes)

A lo tonto, a lo tonto, van pasando… 27 años.

Mantenle la mirada a un Samsung Galaxy S4

Aquí los de Swisscomm han hecho una campaña publicitaria en una estación de tren que usaba la capacidad del Samsung Galaxy S4 gracias a la que el bicho detecta si le estás mirando. Consiste en mantenerle la mirada 60 minutos para ganar uno de ellos.

Pero no lo pusieron nada fácil.

Visto en Gizmodo

Final de “Los Increíbles”

No suelo ver la tele, entendiendo “la tele” como lo que viene por la TDT. Al margen de que lo deteste en general, tengo un horario bastante prohibitivo en ese sentido, y mi consumo televisivo se restringe casi exclusivamente a la fórmula 1 y al telediario matinal, durante los 10 minutos que dura mi desayuno. La tele la uso para otros menesteres, como por ejemplo masacrar enemigos digitales en XBox Live con Carlos Trigo, cuando nuestras vidas lo permiten, además de ver películas y series.

Sin embargo, hace unas semanas me avisaron por WhatsApp de que un amigo de la universidad, Martín López Nores, participaba en Los Increíbles, una versión del programa alemán “Superbrain”, y decidí ver los programas en los que participase: es alguien a quien aprecio. Además, los que conocemos a Martín personalmente (yo lo conozco desde que estaba en segundo de Ingeniería de Telecomunicación), sabemos que siempre quiso participar el programas del tipo a Saber y Ganar, 50 por 15 y ese tipo de cosas. Es una persona de mente inquieta y brillante, capaz de ganar cualquier concurso de ese tipo. Así que cuando me dijeron que Martín salía en Los Increíbles, pensé “coño, por fin participa en un programa de ésos y yo lo puedo ver“, ya que cuando arrasó en 59 programas de Cifras e Letras en la televisión autonómica gallega en 2009, yo ya vivía en Madrid. Con una sonrisa me puse a ver las grabaciones, con la intención de ver su siguiente participación en directo.

La primera de sus pruebas consistió nada menos que en crear un cuadrado mágico de dimensiones 8 por 8, usando para ello el movimiento de la pieza del caballo de ajedrez sin repetir ninguna casilla. Las condiciones de partida, a saber: la casilla y el valor que debía sumar cada una de las filas y las columnas venía dado por los jueces del programa (que no eran otros que una cantante llamda Chenoa, un tal Mario Vaquerizo que resulta ser la mujer el marido de Alaska y Santiago Segura). Para dar un toque de dificultad más allá de aplicar uno de los métodos existentes para resolver el problema en un tablero de esas dimensiones, algo que ya de por sí es notable, Martín lo hizo sin mirar y sin usar medios para apuntar los números y las posiciones que iba diciendo. No hay vídeos en youtube, pero podéis ver el desafío en la página de Antena 3.

Ganó el programa con un margen muy estrecho en relación a la segunda clasificada: una niña de 7 años que era capaz de identificar un país en un mapa mundi. Me sorprendió que esta niña hubiese sido invitada a un programa de este tipo. Normalmente, las capacidades intelectuales se comparan por edades. Con todo, ganó y se clasificó para la segunda semifinal.

En la segunda semifinal, lo que hizo fue nada menos que interpretar códigos QR mentalmente, después de explicar al público que éstos se basan en el código binario y, brevemente y con una pizarra, explicar al mismo tiempo cómo funciona el código binario. Personalmente entiendo que esto lo hizo por pura humildad, para dejar entrever que todo tiene un mecanismo por detrás que se puede usar sobre un papel, programándolo en un ordenador, o de cabeza; este tío es divulgador, es profesor de universidad: no tiene sentido que un profesor profesional deje creer a los espectadores que eso se puede hacer de forma misteriosa o mágica. En cualquier caso: ganó la semifinal, como podéis ver en el vídeo de la prueba en la página de Antena 3.

Tas esto se enfrentaría se enfrentó al otro semifinalista: un niño de 4 años capaz de identificar cualquier país en un mapamundi (¿os suena?) a partir de su bandera y además con las capitales, y con el mapa del revés… una fiera de la memoria este Marcos Benito. Los desafíos fueron los siguientes: Marcos iba a señalar un país en un mapamundi mudo del revés, decir cuáles eran los países que lo rodeaban y su capital y de rebote señalar un país al azar (dicho por su rival, Martín), dentro de un mapa mundi mudo y sin fronteras. Martín dice Kazajstán y hay quien, desde su ignorancia, lo critica por ser un país raro. En la página de Antena 3 podéis ver el vídeo de la prueba de Marcos.

Cometió un fallo.

Por su parte, Martín hizo lo que comentó en el primer programa de Los Increíbles que hacía desde la ventana de pequeño: hacer la prueba del 9 a las matrículas de los coches según pasaban. Claro que, la prueba del 9 es algo que mucha gente conoce y no es excesivamente complicado, pero lo hizo sin cometer fallos y en un tiempo muy limitado, con 40 matrículas. En cualquier caso no cometió fallos, como podréis ver en el vídeo en la página de Antena 3 cuando corrijan el enlace.

Al final, el programa lo ganó Marcos, el niño de los mapas de 4 años: la versión mejorada (3 años menos, capitales, banderas, países de alrededor) de la niña que perdió contra él en el primer programa. Además de ser para Martín una oportunidad de demostrar lo bien que sabe perder, para mí es algo que era predecible. Cuando una cadena privada saca un programa de este estilo, su objetivo no es encontrar la mente más brillante de España, sino generar audiencia (conseguido) y rumor en las redes sociales, en la prensa, en los blogs y en todas partes. Polémica o no, que gane un niño de 4 años con un memorión está bien y entra dentro de las reglas del programa que todo el mundo tuvo que aceptar pero, ¿qué sentido tiene meter dos niños de 4 y 7 años, en un programa, para que los dos hagan prácticamente lo mismo?, ¿no es eso, por sí solo, una muestra de la estrategia que se ha seguido en el programa? Creo que buscaban un ganador para crear conversación y polémica. Como la niña de la primera prueba no ganó por poco simplemente señalando el país con el dedo y teniendo 7 años, buscan a un pobre niño de 4 años para que haga el más difícil todavía, que sea majete ante las cámaras (sólo hay que ver los comentarios femeninos en twitter acerca de Marcos) y… bastante predecible el resultado.

De todas formas: enhorabuena a los dos desde aquí, me he divertido mucho, y he aprendido bastante.

Algunos tweets acerca del programa:

Enlace de interés: explicaciones en Zurditorium de algunos de los desafíos.