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#31 – Por qué Mac. Historia de un cambio.

A raíz del episodio 11 de Podcast Linux, en el que Juan Febles me invitó a charlar sobre mi uso de GNU/Linux, he decidido recuperar un proceso de decisión sobre una compra que en su día comenté en un artículo en este blog: la compra de mi primer Mac. Más concretamente, lo que me motiva a contaros de palabra todo este proceso de cambio es el comentario que escribía Elav en la página del episodio de Podcast Linux en iVoox:

Excelente entrevista, me quedé un poco como esperando escuchar los motivos por el cual ahora usa macOS el invitado, pero de forma general, 100% de acuerdo con todo lo que dijo. Excelente Juan, sigue creciendo de esa forma. Saludos

Aparte de unirme a las felicitaciones de Elav a Juan, creo que este contexto es perfecto para dedicarle un episodio de “Bajo la carcasa” al proceso de compra que viví en su día. Es un episodio bastante personal, pero en el que he querido aprovechar para contaros cosas de cómo funcionan los procesos de disipación de calor en los portátiles y no dejar de mirar un poquito bajo la superficie de los dispositivos.

No os voy a revelar mucha información de esto, os dejo que escojáis si escuchar este episodio o releer el artículo que escribí en su día.

También os dejo el feed de Podcast Linux: http://feedpress.me/podcastlinux

Mándame tus comentarios a través de las entradas del blog gabrielviso.com, mi cuenta de twitter @gvisoc.

Volver a aprender a leer (con calma)

Aprovecho el ratito que me sobra después de comer para compartir una preocupación que tengo, y es que últimamente tengo un vicio muy malo leyendo.

En el trabajo leo muchos documentos y correos “en diagonal”, es decir, hojeo rápidamente el contenido para separar el grano de la paja y no perder el tiempo. Lo peor de todo es que este vicio ha invadido mi lectura personal, y muchas veces me encuentro leyendo en diagonal páginas e incluso capítulos (en el caso de libros con capítulos cortos), sin piedad, y perdiéndome pasajes enteros de reflexiones del protagonista, o descripciones que debería leer para disfrutar más de los libros.

Así que una cosa que tengo que hacer cuando el trabajo y los cursos y demás berenjenales en los que me meto me dejen, es volver a aprender a leer con calma.

El dilema de volver a lo simple

Estoy volviendo a lo simple. El mundo, en general, debería volver a lo simple. Pero volver a lo simple te puede aislar, o puede llevar a otras personas a complicar su vida. Es el puñetero dilema del mundo en el que vivimos, que se está volviendo demasiado complicado, y hay que pensar bien si, o dónde, queremos estar o no estar.

De un tiempo a esta parte (los que me seguís en twitter habréis seguido el proceso), he intentado simplificar al máximo mi vida digital si lo queréis ver así, o mi presencia, o mi actividad en las redes sociales. Primero me deshice de Path, luego de Pinterest (a la que volví, pero volverá a caerse de mi actividad más pronto que tarde), la siguieron Tuenti y el gran hito de mi faceta gafaspastas: borré mi cuenta de Facebook. Ayer dí por terminada mi etapa en Blogger aparcando definitivamente el que fue mi primer blog, Bitácora de Maquinaciones, y borré un tumbr que me hice para probar, el de El Perro Langosta. Por el camino también cerré mi cuenta de Viadeo y de Infojobs para centrarme en LinkedIn, y estoy cerrando mi cuenta de iTunes. Y alguna otra he cerrado pero no lo recuerdo.

Lo que trato es de centrarme. Escribir aquí. Interactuar en twitter y Google+ a nivel personal, y en LinkedIn en el plano laboral. Instagram para compartir fotos; de hecho, estoy valorando seriamente cerrar mi cuenta de Flickr.

Sin embargo, sé que esto es demasiado y al mismo tiempo, muy poco. Me explico: para mucha gente se terminará su contacto conmigo. Es “demasiado cerrar” porque no puedo evitar que algunas personas hayan reducido el tiempo que me dedican a ver si hay algo nuevo en Facebook, y no estarán dispuestas a abrirse una cuenta de Twitter o de Google+. Al mismo tiempo, yo pierdo algunos contenidos interesantes de empresas, contactos o eventos que sólo tienen presencia en unas redes sociales concretas. Es “muy poco cerrar”, porque sigo teniendo al menos 5 identidades en redes sociales: twitter, Google, WordPress, LinkedIn, Yahoo!/Flickr.

Supongo que la solución a el problema de las “identidades múltiples” está en que cada servicio tiene su esquema de usuarios y no hay un mecanismo tipo OAuth lo suficientemente extendido. Pero realmente creo que esto sería solamente un alivio sintomático: el problema de raíz está en la cantidad de información que queremos consumir, o que creemos que queremos consumir.

¿Realmente queremos tanto?

WhatsApp no es una red social

El otro día (hace una semana, más o menos) llegó a mí una entrada en el blog de elogia.net acerca de WhatsApp, denominándolo “la nueva red social”.

Pese a que el artículo contiene muchas cosas interesantes y valora el uso de esta herramienta de mensajería instantánea como canal de marketing  no puedo estar de acuerdo en el título ni con gran parte de la entrada, ya que etiqueta una simple herramienta de mensajes de texto como una red social. En esta entrada simplemente voy a organizar mis argumentos al respecto.

  1. WhatsApp no tiene perfil personal ni indexable (no sale en las búsquedas). Cuando instalas la herramienta te pide una fotografía para que aparezca en la lista de tus contactos, y un nombre por si alguno de tus contactos tiene un sistema operativo (Windows Phone 7 e iOS) que impide que aparezca el nombre de tu tarjeta de contacto en la agenda. Esto no es un perfil, sino una identificación. Y además, ni siquiera es personal. “La cuenta de WhatsApp” no está vinculada a una persona (a tí), sino a un teléfono móvil. Es decir, si tienes dos líneas telefónicas automáticamente tienes dos “cuentas” en WhatsApp, y además sólo se puede usar en el móvil. Por lo tanto, ni es un perfil ni es personal.
  2. No tiene contactos propios, ya que lee automáticamente la agenda, y además no existe la noción de seguimiento por interés, es decir: si tienes un teléfono anotado y esa persona tiene WhatsApp, automáticamente es un contacto de WhatsApp. Como si es el carnicero de la esquina o el casero.
  3. No se puede saber quiénes son los contactos de otra persona, ni se puede solicitar ser contacto de alguien a través de la propia herramienta: tienes que pedirle su teléfono personalmente. Esto, para mí, es un alivio.
  4. No existe clasificación de usuarios en función de ningún criterio social. Cuando tienes una serie de contactos en una red social, o perfiles a los que sigues, normalmente puedes segmentarlos para organizar la información que recibes de acuerdo a tus intereses. Por ejemplo, en Facebook y LinkedIn hay tanto sub-redes como grupos. Ambas categorías tienen asociados elementos geográficos (sub-redes por país) o sociales, ya que en un grupo hay que especificar de qué va. Por ejemplo, el “Grupo de amigos del cocido”: describen una facción de la sociedad con uno o más intereses o características comunes. En otros casos más simples y que se acercan peligrosamente a lo que no es una red social, como Twitter, se tienen las listas y los hashtags, que permiten estructurar tanto a las personas seguidas como a las que no, y a la actividad total de la red a través de las búsquedas.
  5. Conversaciones excluyentes: usar WhatsApp es sinónimo de conversaciones entre una o varias personas. Para poder hacerlo, tienes que ser tolerado y de hecho invitado a la conversación. Esa conversación no tiene una temática de interés general obligatoriamente (puedes abrir una conversación para hacer la pregunta total: “Fran:… ¿qué?“) y no es pública. Con WhatsApp no se puede obtener información de fuentes arbitrarias, a diferencia de con cualquier red social. Las redes sociales deben servir necesariamente para socializar. Es decir, nos ayudan a aprender de los demás y obtener información interesante de gente que podamos conocer, o no. En WhatsApp no existe una corriente de información que poder compartir mediante un sistema de tipo promocional, como el +1, el retweet o el “Me gusta”. Son conversaciones personales excluyentes y que por definición no deberíamos compartir con nadie…

En definitiva, WhatsApp es lo que es: es una herramienta de mensajería de texto cuya única pretensión es mejorar los mensajes de texto de la telefonía móvil, nada más. No es una red social, y además debería ser prueba suficiente de ello que todas las redes sociales, por sencillas que sean, tienen esquemas de mensajería iguales o mejores que el propio WhatsApp: Facebook Messenger, Messenger de Google+ y sus quedadas (hangouts), los mensajes directos de Twitter, el InMail de Linkedin, los chats de Tuenti,… Si para una red social de verdad algo así es un mero accesorio, está claro que es lo que es.

Enlaces a mis comentarios en la entrada (por si me dejo algo): el primero, el segundo, y el tercero.

Las 10 aplicaciones Android que más uso

Ordenadas por frecuencia:

  1. GMail — el cliente de correo oficial de Google para Google Mail.
  2. Twitter — aplicación oficial de esa dicha social, que fue la primera que usé.
  3. Google Reader — para las suscripciones.
  4. Google+ — red social de Google.
  5. Path — red social extremadamente sencilla con la intimidad / privacidad como principal característica. No es posible compartir las publicaciones de otras personas, ni siquiera copiar texto al portapapeles o descargar una fotografía, aunque puedes compartir tus publicaciones con Foursquare, Twitter y Facebook. Exclusivamente disponible en Android y iPhone.
  6. Foursquare — red social de locales. Especialmente útil para conocer recomendaciones (p.e., “En el Bar Tolo lo mejor es el licor café, y te ponen una rosquilla para que mojes.”) y para conseguir descuentos (“Specials”) en los locales que usan de forma activa esta red.
  7. Camera360 Ultimate — aplicación de cámara de fotos con un gran número de ajustes posibles, filtros y efectos. Es de pago, pero en navidad un señor avisó de que la regalaban, y me la descargué rapidísimamente.
  8. Email — Cliente de correo multicuenta, de serie. Para el correo del trabajo.
  9. WhatsApp — El cliente de mensajería instantánea más difundido entre mis contactos.
  10. Google Talk — El segundo cliente de mensajería instantánea más difundido entre mis contactos.

Y tú, ¿cuáles son las aplicaciones que más usas en tu móvil (no tiene que ser Android)?

(P.D.: Facebook ocupa el lugar 11, seguida por Shazam. Esta última sirve para “escuchar” una canción –por ejemplo, en un local– y que Shazam te diga de quién es y su título, para que luego la puedas buscar).