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Las 10 aplicaciones Android que más uso
Ordenadas por frecuencia:
- GMail — el cliente de correo oficial de Google para Google Mail.
- Twitter — aplicación oficial de esa dicha social, que fue la primera que usé.
- Google Reader — para las suscripciones.
- Google+ — red social de Google.
- Path — red social extremadamente sencilla con la intimidad / privacidad como principal característica. No es posible compartir las publicaciones de otras personas, ni siquiera copiar texto al portapapeles o descargar una fotografía, aunque puedes compartir tus publicaciones con Foursquare, Twitter y Facebook. Exclusivamente disponible en Android y iPhone.
- Foursquare — red social de locales. Especialmente útil para conocer recomendaciones (p.e., “En el Bar Tolo lo mejor es el licor café, y te ponen una rosquilla para que mojes.”) y para conseguir descuentos (“Specials”) en los locales que usan de forma activa esta red.
- Camera360 Ultimate — aplicación de cámara de fotos con un gran número de ajustes posibles, filtros y efectos. Es de pago, pero en navidad un señor avisó de que la regalaban, y me la descargué rapidísimamente.
- Email — Cliente de correo multicuenta, de serie. Para el correo del trabajo.
- WhatsApp — El cliente de mensajería instantánea más difundido entre mis contactos.
- Google Talk — El segundo cliente de mensajería instantánea más difundido entre mis contactos.
Y tú, ¿cuáles son las aplicaciones que más usas en tu móvil (no tiene que ser Android)?
(P.D.: Facebook ocupa el lugar 11, seguida por Shazam. Esta última sirve para “escuchar” una canción –por ejemplo, en un local– y que Shazam te diga de quién es y su título, para que luego la puedas buscar).
Viaje con nosotros (II): Good job!
Os juro que al que me diga buen trabajo una vez más lo…
Ayer llegué a las 9:15 a casa después de una jornada de 40 horas, resultado del segundo viaje en menos de un mes a los EE.UU.. Esta vez mi viaje fue debido a un curso de formación obligatorio que tengo una vez por cada categoría profesional en la empresa, y que es requisito indispensable para ascender.
En ese contexto, los profesores y el resto de los alumnos ponen en práctica su hiperglucemia laboral. Ante cualquier pregunta, por tonta que sea, obtienes a cambio tu this is a very good question, “esa es una muy buena pregunta”. Ante cualquier respuesta, se acertada o inacertada, obtienes a cambio tu good point; very good job, actually; good job, good job!, “esa es buena; muy buen trabajo, por cierto, ¡buen trabajo, buen trabajo!”.
En Estados Unidos tienen una técnica psicológica a la hora de valorar la implicación en un trabajo o en un curso, que aquí nos pone colorados de la vergüenza ajena que sentimos. Ante cualquier participación, te halagan hasta la náusea. ¡Buen trabajo, excelente, genial! Todos los extranjeros (asiáticos, europeos, latinoamericanos, …) estamos acostumbrados a que se nos valore por lo que hacemos por encima de las expectativas. Quiero decir, si tú participas en un curso o haces tu trabajo, es lo que tienes que hacer. Se te reconoce en tu sueldo o con un simple “gracias”, y si crees que te deben más cosas, lo que te dicen es que no te equivoques: has hecho aquello por lo que se te paga, es decir, si haces menos te vas a la calle. Sólo si destacas, contribuyes por encima de las expectativas o si das una idea brillante en el proyecto, se te dice “buen trabajo”, o “excelente pregunta”, o “lo has hecho muy bien”. Sólo, precisamente, si lo haces muy bien.
En Estados Unidos, alabarte es la respuesta por defecto.
Eso tiene un doble filo, y en mi opinión, ambos filos son negativos. El primero es que si eres mediocre, para animarte a ser mejor te van a decir “¡¡¡buen trabajo!!!“. Diciéndote eso, realmente no te dicen nada, por lo que te puedes ver con una subida de sueldo del 0% o, directamente, en la calle si hay crisis. Porque con ellos, hacer un “¡¡¡buen trabajo!!!” es no haber hecho nada especial. Mucha gente de otras culturas puede pensar, de buenas a primeras, que lo están haciendo estupendamente perfecto, relajarse y echar a perder su carrera profesional. El otro filo es precisamente que lo especial, si se hace muchas veces, pierde todo su carácter especial. Decir “buen trabajo” de modo gratuíto desvirtúa completamente la frase. Si te dicen “buen trabajo” el 100% de las veces que contribuyes con algo, la frase “buen trabajo” pierde su sentido y su valor: no vale nada. En Europa, que te digan que has hecho un buen trabajo es algo bueno. Una garantía de que estás haciendo lo correcto para subir, crecer, aprender. En EE. UU., es lo estándar. Es que no has metido la pata. Es algo que carece por completo de valor. Si no te dice “buen trabajo” es que te odian en lo profesional, y probablemente te odien con avaricia.
Me quedo con la manera española, es menos infantil. Te dicen bien por lo que está bien, realmente, y mal por lo que está mal, realmente. Y lo que se supone que tienes que hacer (participar, ayudar, trabajar) no es un buen trabajo: es la justificación de tu sueldo. O lo haces, o te vas…
¿Portátil corporativo inestable?: pon una máquina virtual en su vida
Muchas veces, cuando entramos a trabajar en una empresa determinada, recibimos un ordenador portátil para realizar nuestro trabajo. Estos portátiles suelen venir con una configuración a medida para la empresa, un conjunto de herramientas adecuadas para realizar un trabajo determinado (por ejemplo: ofimática, herramientas a medida de facturación, estimación de esfuerzo y costes, control de incurridos), pero probablemente y según nuestro perfil necesitemos hacer más cosas con esos portátiles.
Ese, como el de tantos otros, es mi caso. Por mi trabajo necesito realizar muchas pruebas de concepto para saber si una determinada solución técnica tiene sentido y es realizable. Tengo que instalar y desinstalar muchas librerías de desarrollo, servidores Web, contenedores de servlets, emuladores de todo tipo, servidores de bases de datos, entornos de desarrollo, componentes de tiempo de ejecución, y a menudo el conjunto de herramientas instaladas en mi portátil cambia varias veces por semana. Probablemente, además, tenga que instalar una arquitectura técnica completa que no está diseñada para funcionar en un portátil, y por eso tenga que echar mano de muchas soluciones drásticas que Windows XP no está demasiado bien preparado para soportar. No pasa una semana sin que el sistema se bloquee, o sin que un determinado día el portátil tarde 20 minutos en arrancar después de algún reinicio de emergencia. Por eso, en casos como el mío, el portátil no se suele mantener estable demasiado tiempo, lo que obliga a mandarlo durante un par de días al servicio técnico para que restauren aquello que se haya roto. Un contratiempo incómodo y caro por el tiempo perdido.
Desde hace un tiempo, lo que hago para paliar esos problemas es usar exclusivamente máquinas virtuales. En el PC “real” no hago más que escribir documentación y usar el correo electrónico y esas otras herramientas. Cuando me dan un portátil corporativo, no le instalo más que lo mínimo para poder trabajar correctamente: quizá como mucho el Firefox y el programa de turno para sincronizar Outlook con el móvil. Quizá algo más, pero poco. Acto seguido, instalo un emulador de máquinas virtuales tipo VirtualPC, VirtualBox, etc., y con él instalo una copia de Windows XP (con licencia de la empresa en la que trabajo). Cuando lo tengo todo bien instalado, guardo una copia de la misma en un disco duro externo, y a por ella.
A la máquina virtual le hago de todo, y si se muere, no pasa nada: vuelvo a la copia de seguridad. Sé que así puedo hacer cualquier prueba de concepto que podría hacer con el PC “real”, pero sin poner en peligro la estabilidad del portátil “real”. Además, con los procesadores actuales, es más que frecuente que mientras al PC “real” se le note algo lento en el arranque tanto del mismo como de los programas, a la máquina virtual se le note mucho más ágil, ya que el sistema operativo está completamente limpio y sus unidades de disco (virtuales) prácticamente vacías.
Desde que hago esto, mi experiencia en este sentido es muy satisfactoria y mi productividad a la hora de realizar pruebas de concepto es mucho más alta.
Colaborar y liderar
Esta entrada trata directamente de mi trabajo. Soy consultor, y desde hace dos años y medio estoy en un proyecto para un grupo bancario español muy importante, trabajando en cuestiones de Arquitectura Técnica. En este tiempo gané algo experiencia y hace algo más de un año fui promocionado a la categoría “Consultant“, un vocablo anglosajón totalmente innecesario si uno piensa en lo que se parece a “Consultor” y que no significa otra cosa que “jefe de equipo”: así de sencillo.
Tengo muy presente que llega el día (de hecho, ya llegó en su día) en el que el consultor se ve formando parte de un equipo heterogéneo, formado por personas de empresas distintas a la suya y que muy probablemente compitan o hayan competido por la adjudicación de un proyecto y que, el cliente, bajo los criterios que considere, piensa que lo mejor es formar un equipo combinado.
En mi opinión, una vez en el “fregado”, no importa de dónde venga la gente con la que hayas trabajado: lo que tienes que hacer es trabajar y tirar del carro para ayudar al cliente a conseguir sus objetivos, y eso pasa por ayudar y motivar al equipo del proyecto que tienes a tu alrededor o a tu cargo. Eso implica, de manera obligatoria, llevarte bien con la gente que te rodea, y si te toca liderar un equipo de personas, debes ayudarles y formarles, si estás en posición de hacerlo y lo necesitan, en todo aquello que les falte para poder hacer sus tareas, dando igual que no sean de tu misma empresa. Hacer propias sus tareas y, por supuesto, hacer de toda crítica algo constructivo. Exactamente igual que si fueran personas de tu empresa, y exactamente igual que si esas personas te tuvieran en el más alto de los pedestales como ejemplo. Es igual cuál sea la realidad: tienes que hacerlo aunque realmente les caigas mal por alguna absurda razón, y consideren que eres un competidor, que tu empresa es peor que la suya o que sus gafas de pasta denotan mayor gusto que las tuyas, de metal. Es igual, tu problema no es lo que piensen, es hacer tu trabajo y tu trabajo en cuanto te ponen el sambenito de “jefe” pasa por que la gente que te rodea piense que trabaja en un equipo. Porque la vida da mil vueltas, todos trabajamos en lo mismo, y todos tenemos que estar cómodos en el trabajo; pero sobre todo, porque es lo normal.
Escribo esta entrada porque a veces lo que uno ve a su alrededor, en el lugar de trabajo (afortunadamente no en su propio entorno y equipo) le revela qué es lo que no hay que hacer, y le inspira para entradas como ésta.




