Menú

Gabriel Viso

Un blog y un podcast, por Gabriel Viso

Linux en casa y el inevitable “pero es que” de la satisfacción del usuario

Utilizar un PC con un sistema operativo basado en GNU/Linux y disfrutar en casa del ocio y el trabajo del mismo modo fácil y prefabricado que ofrecen Windows y MacOS es difícil, pero es lo que queremos. El panorama de la informática de escritorio (o de portátil) es un triángulo formado por tres vértices, Windows, MacOS y Linux, y dentro del triángulo están las tareas: jugar, trabajar, conectarse a las redes, disfrutar de los productos multimedia actuales, de los estándares de documentación y productividad vigentes y de toda la gama de periféricos disponibles. Dentro del triángulo está la experiencia y la satisfacción del usuario. Si bien en la facilidad de uso Linux ya es un producto serio y competitivo, no lo es en lo que deja hacer por defecto, desde el minuto cero. En ese sentido, ese triángulo no es regular, no es equilátero: el vértice que ocupa Linux se aparta del centro hasta el punto de constituir un serio defecto de concepto, al menos para el usuario doméstico. Y sobre todo para el usuario doméstico del que hablo: el usuario que se considera apolítico en términos de uso de un ordenador personal, que ve la libertad del software como algo bueno, pero como beneficio personal cuestionable, o marginal. Es un usuario mayoritario en la sociedad en la que vivimos.

Los usuarios domésticos somos gente muy simple y, por eso mismo, muy complicada de satisfacer. Queremos algo simple, potente, de calidad y divertido, y al alcance del dedo índice, más allá de cualquier filosofía trascendental (ojo: más allá de una filosofía no significa que haya que darle la espalda). El vértice del triángulo de Linux está, en cierto modo, apartado del contenido debido al extremo al que se ha llevado una corriente filosófica que se basa en la libertad del software como pilar fundamental de las distribuciones. Los núcleos organizadores de muchas distribuciones apartan todo aquello que no se auste a la definición de software libre de la FSF, recogida en la licencia  GPL, de los canales de actualización y distribución automática, obligando al usuario a remangarse y trabajar. Independientemente de lo capaces que seamos de hacerlo funcionar, no queremos ser nosotros el que lo tengamos que hacer. Quien debe invertir en la calidad de un producto es el que lo fabrica, no el usuario. Yo soy Ingeniero de Telecomunicación. Algo sé, pero no quiero invertir tiempo libre en trabajar para poder disfrutar.

En teoría, todas o casi todas las distribuciones tienen medios para instalar productos que no siguen la licencia general de las mismas, como son los controladores propietarios de los periféricos, algunos programas de productividad, algunos compiladores. El problema es que en la instalación básica eso no se incluye, teniendo que obtener los paquetes correspondientes a esa distribucion de orígenes alternativos, y en muchas ocasiones de fuera de la distribución. Y eso, en la práctica, obliga a que sea el usuario final sea quien debe trabajar en su casa para acercar Linux a la experiencia que él quiere. Obliga al usuario a invertir (¿pocas?) horas en incrementar la calidad, desde el punto de vista de su experiencia, del Sistema Operativo, configurando orígenes de software en el apartado de instalación de software, haciendo descargas manuales,… Dejar el apartado multimedia de una distribución como Ubuntu lleva, si se sabe hacer de antemano, un promedio de una hora entre descargas y configuraciones; si no se sabe hacer ese espacio de tiempo puede llegar a triplicarse, y lo peor es que ese proceso cambia de una versión a otra de la misma distribución. Es decir, desde que instalas el sistema hasta que puedes explotar toda tu biblioteca audiovisual (DVD comerciales, DivX, MP3, AAC, Flash, …), y tu repertorio de herramientas de productividad (Adobe Reader, Java, por ejemplo) tienes horas que invertir y trabajo que hacer. Y no digamos ya si queremos habilitar todas las opciones de hardware del ordenador (portátil, en mi caso: escalado de frecuencia, monitores de temperatura,…) y los controladores gráficos, los del fabricante, de una tarjeta ATI: un auténtico circo.

Linux estará a la orden del día en este sentido cuando el purismo en las licencias del software que se ofrece por defecto en los canales oficiales de las distribuciones sepa convivir con una opción mixta. Es decir, cuando desde el minuto 0 se pueda dejar configurado el sistema como un centro doméstico de ocio y productividad totalmente comparable y compatible con lo que dan Windows y Mac por defecto, con sólo marcar una opción, entonces Linux será igual de competitivo que MacOS y Windows en satisfacción del usuario. Mientras no se consiga, Linux en casa cargará con el inevitable:“pero es que para conseguir X te lo tienes que trabajar un ratito, por poco que sea, y con los otros, no“.