Estos días llega a los quioscos y librerías el nuevo libro de Dan Brown, “El símbolo perdido“. Al mismo tiempo, hemos asistido a la típica corriente de detractores de este hombre, que son muchos. Y, lo que es peor, también hay detractores de los lectores de este señor, lo cual me parece el colmo.
En Onda Cero se han dedicado a criticar a los entusiastas de las conspiraciones, alegando que la gente que le gustan las conspiraciones son personas con poca cultura y acomplejadas por su falta de poder. De vez en cuando se oía un “yo no leo a Dan Brown, es basura“.
En los comentarios de las noticias, en los blogs y en los círculos literarios, mucha gente se pregunta indignada el porqué del éxito de este señor. Y se indignan y se enfadan. No lo entienden porque, dicen, sus libros están pésimamente escritos, y lo dicen ellos, filólogos y licenciados en literatura. Muchos escritores se rasgan las vestiduras y dan la espalda al hecho de que este señor ha sabido llegar a quien probablemente ellos no han sabido entretener o cautivar, criticándolo en vez de tratar de entenderlo (en ese sentido, Laura Espido Freire es una mujer de lo más razonable: sin rajar del libro, proclamó que aunque no le interesa la novela lo leerá, porque sí le interesa entender qué ocurre en su oficio).
Bueno, pues yo creo que nadie espera que nadie entienda nada. Al menos para mí, nadie tiene que molestarse en analizar “qué demonios le pasa a la gente para dedicarse a leer basura en vez de libros sesudos” (obviamente esta frase está cargada de ironía, por si acaso la pondré entre comillas). En mi opinión está claro que hay libros mejores, pero ojo: Dan Brown es un señor al que respeto y envidio muchísimo.
- Escribe lo que le da la gana (al fin y al cabo, es ficción), y se divierte con ello.
- Mucha gente se divierte y le paga por lo que escribe. Se gana la vida haciendo lo que le gusta. Independientemente del dinero que le sobre, es rico por el hecho de ganarse la vida haciendo lo que le gusta.
- Sigue escribiendo gracias a que mucha gente se divierte.
- Alguna gente lo critica. A ver por qué vende este señor, si escribe fatal. ¡Habráse visto! No se dan cuenta de que le están haciendo publicidad, por otro lado.
- Otra gente que ni le va ni le viene, lee el libro para ver qué pasa y por qué la gente de (4) lo critica. Esa gente se convierte o bien en gente de tipo (2), o bien en gente de tipo (4), o no. A lo mejor sigue viviendo su vida y leyendo lo que fuera que leyese porque el rollo de este señor ni le va ni le viene, pero en cualquier caso, ha contribuido a que este buen hombre se siga ganando la vida porque probablemente se haya comprado el libro.
En cualquier caso, lo que muchos de sus críticos no entienden es que el 90% de la gente que lee un libro lo hace para pasar el rato. Es así de sencillo; puede ser afortunado o triste, pero es real. No le importa que el argumento sea lineal y sólo complicado a base de hacer que el protagonista resuelva un rompecabezas cada dos capítulos. Tampoco le preocupa que “haya muchísimos errores garrafales en la geografía de París”, ni que este hombre se sirva de combinar conspiración y polémica para enganchar a cuanta más gente mejor. Creo que hay un público enorme que lo que busca es un pasatiempo, y lo encuentra en libros claros, fáciles de leer y con elementos adictivos como la conspiración y la polémica. Quien no entienda cómo escribiendo algo tan simple y “mal escrito” (pues vale), que se pregunte si eso tiene que tener explicación. La única explicación que hay es la más simple: hay distintos tipos de público. Algunas personas pertenecen al público A, y otras al B.
Hay público para obras más difíciles y ricas, otro público para obras más sencillas y menos llenas de alardes, o con menos calidad en las formas, o con más imprecisiones en sus referencias a la realidad. Si uno sabe que no pertenece a un determinado público, lo mejor que puede hacer es vivir tranquilo y dejar de criticar lo que le gusta (o no le gusta) a los demás. Si no te gusta lo que escribe Dan Brown, relájate y lee otra cosa.
P.D.: A mí sus libros me parecen entretenidos y divertidos, y los leo aunque no engrandezcan mi espíritu.
Escrito por Gabriel Viso Carrera
Escrito por Gabriel Viso Carrera 
Escrito por Gabriel Viso Carrera 

17 empresas o filiales europeas, responsables de diferentes redes sociales, han firmado un acuerdo conjunto para tratar limitar el riesgo de acoso a menores y proteger su experiencia en estas redes. Igualmente, se quiere advertir de la posibilidad y los riesgos de que los menores divulgen, por candidez, información personal que no debieran.
Desde hoy empiezo a colaborar, activamente, en la red social “
Utilizar un PC con un sistema operativo basado en GNU/Linux y disfrutar en casa del ocio y el trabajo del mismo modo fácil y prefabricado que ofrecen Windows y MacOS es difícil, pero es lo que queremos. El panorama de la informática de escritorio (o de portátil) es un triángulo formado por tres vértices, Windows, MacOS y Linux, y dentro del triángulo están las tareas: jugar, trabajar, conectarse a las redes, disfrutar de los productos multimedia actuales, de los estándares de documentación y productividad vigentes y de toda la gama de periféricos disponibles. Dentro del triángulo está la experiencia y la satisfacción del usuario. Si bien en la facilidad de uso Linux ya es un producto serio y competitivo, no lo es en lo que deja hacer por defecto, desde el minuto cero. En ese sentido, ese triángulo no es regular, no es equilátero: el vértice que ocupa Linux se aparta del centro hasta el punto de constituir un serio defecto de concepto, al menos para el usuario doméstico. Y sobre todo para el usuario doméstico del que hablo: el usuario que se considera apolítico en términos de uso de un ordenador personal, que ve la libertad del software como algo bueno, pero como beneficio personal cuestionable, o marginal. Es un usuario mayoritario en la sociedad en la que vivimos.