Raspberry Pi
Pues resulta que mi hermano Esteban me regaló por Reyes una Raspberry PI ”modelo B” que recogí hace unos pocos fines de semana. Una Raspberry Pi es un ordenador muy sencillo y de bajo coste (aprox. 35 €). El modelo B tiene un microprocesador del estilo a los que podemos encontrar en un teléfono móvil, un procesador gráfico dedicado, 512 MB de RAM y una serie de ranuras de expansión que permiten conectar otras placas. Además, tiene dos puertos USB, un micro-USB para la alimentación (con un cargador de teléfono móvil se alimenta perfectamente), un puerto HDMI, salida de vídeo y audio y red Ethernet. Para cargar un sistema operativo (lo más frecuente es partir de una variante de Debian GNU/Linux llamada Raspbian) tiene una ranura de tarjetas SD. Con esto se pueden hacer muchas cosas, como controlar sensores y acondicionadores para hacer cosas realmente espectaculares (como fotografiar gotas de agua en el momento preciso), programar, experimentos de domótica, y una larga lista de aplicaciones entre las que se encuentran montar un reproductor multimedia de alta definición, y tener un centro de descargas dedicado en casa.
Los primeros pasos son muy divertidos, como pasa con cualquier cacharro nuevo, pero más artesanal (y eso es lo bueno). El único problema que tengo es mecánico: si os fijáis en la foto, el conector HDMI no queda a ras de la caja de plástico, por lo que el cable que tengo no hace buen contacto. Siempre que quiero conectarla al televisor tengo que quitarle la tapa. Estoy en progreso de “aligerado” de la caja, pero necesito unas buenas herramientas para dejar el hueco bien limado y no hacer un destrozo.

Ahora mismo tengo 2 tarjetas SD preparadas.
Una de ellas la uso para centralizar las descargas de Bittorrent, mediante el Transmission, que es un cliente de Bittorrent muy ligero. Más concretamente, uso el transmission-daemon, que es lo mismo pero en forma de programa residente. Este “demonio” se inicia con el arranque de la Raspberry, al mismo tiempo que se monta el disco duro externo conectado por USB, y las descargas continúan automáticamente tan pronto como la Raspberry se enchufa a la corriente y a la red. Para controlarla, uso el interfaz Web de transmission desde un PC cualquiera que esté conectado a la red de casa, el móvil o la tableta. Si necesito realizar mantenimiento, me conecto a la Raspberry usando ssh, ya que no tengo un teclado y un ratón de sobra.
En la otra tarjeta tengo la Xbian, que es una variante orientada al montaje de un reproductor multimedia de alta definición. Esta distribución lo único que hace es ejecutar el xbmc, que es el propio reproductor multimedia y que se puede controlar desde el móvil con una aplicación que hace las veces de mando a distancia si ambos están conectados a la misma red doméstica. Los resultados son muy buenos, ya que reproduce muchos formatos y es capaz de reproducir vídeos de alta definición sin inmutarse. Además tiene muchas posibilidades en lo que se refiere a vídeo bajo demanda, ya que se pueden instalar muchas fuentes de contenido para ver directamente por internet (en otros idiomas distintos al español), sin tener que descargar nada.
El siguiente paso es juntar las dos aplicaciones e instalar en la tarjeta con Xbian el Transmission, para automatizar las descargas y la reproducción en la misma sesión y sin tener que cambiar la tarjeta de la Raspberry, lo cual sería lo ideal. La domótica y los montajes electrónicos quedan para más adelante, al menos para cuando termine el curso que hago los fines de semana, pero todo llegará. Seguro.
Volver a aprender a leer (con calma)
Aprovecho el ratito que me sobra después de comer para compartir una preocupación que tengo, y es que últimamente tengo un vicio muy malo leyendo.
En el trabajo leo muchos documentos y correos “en diagonal”, es decir, hojeo rápidamente el contenido para separar el grano de la paja y no perder el tiempo. Lo peor de todo es que este vicio ha invadido mi lectura personal, y muchas veces me encuentro leyendo en diagonal páginas e incluso capítulos (en el caso de libros con capítulos cortos), sin piedad, y perdiéndome pasajes enteros de reflexiones del protagonista, o descripciones que debería leer para disfrutar más de los libros.
Así que una cosa que tengo que hacer cuando el trabajo y los cursos y demás berenjenales en los que me meto me dejen, es volver a aprender a leer con calma.
Sin papel – granitos de arena
Soy un tipo bastante consciente del medioambiente. No me considero un abanderado del ecologismo, ni un activista verde, ni uso palabrejas de moda como “sostenible” (que, aunque me fastidie que esté tan de moda, está bien usada). Estoy orgulloso de comer carne y pescado; pescado más que carne.
Uso el coche lo que necesito dentro de lo razonable, y normalmente lo uso bastante porque tengo muy poco tiempo libre y siempre que lo uso es porque me permite ahorrar tiempo. Es decir, si voy en coche al trabajo tardo 15 minutos, si voy en transporte público tardo 1:05 horas. Pero no lo uso sin motivo: cuando me voy de cachondeo por ahí, no lo llevo. Y tengo mucho interés en que el coche eléctrico salga adelante, siempre que lo haga de una forma que nos permita recargarlo de electricidad de forma barata y limpia.
En cualquier caso: lo que no hago es manchar por manchar ni gastar por gastar. Separo los residuos. Cargo bien la lavadora. Uso el lavavajillas. Me abrigo en invierno para no abusar de la calefacción. Todas las pilas de mi casa están siendo sustituídas por pilas recargables. Ya no me compro aparatos que no tengan la posibilidad del uso de baterías o pilas recargables, y lo hago por principios.
Aunque tengo cosa que pulir, como el uso de servilletas de papel, estoy reduciendo al máximo el uso de papel. Siempre que las empresas me lo permiten, doy de baja el envío de correspondencia en papel: tengo correo electrónico; aunque parece una obviedad hay empresas que no lo conocen todavía, como muchos bancos. Intento no usar papel en el trabajo: hace más de 6 meses que no imprimo nada ni saco fotocopias salvo aquello que me piden en papel por algún trámite. Siempre que me piden que envíe una fotocopia de algo pregunto si les vale con una foto de buena calidad por correo electrónico. Si uso un papel para escribir algo en sucio, no lo tiro hasta que no queda ningún hueco sobre el que escribir. Aunque no considero un malgasto de papel comprar libros, porque duran toda la vida, tengo un lector electrónico. Y ya no compro libretas desde noviembre, porque me he comprado una tableta con la que soy capaz de tomar apuntes en las clases del máster y en las reuniones del trabajo. Las libretas que tengo las usaré para algún boceto, pero me durarán años y no compraré más.
No sé si sirve para algo, pero a mí me parece bien. No quiero convencer a nadie, porque habrá a quien mi actitud le parezca excesiva, ni quiero que me convenza nadie porque habrá a quien mi actitud le parezca insuficiente. Lo que espero que a alguno le pique el gusanillo y entre todos consigamos que el aire huela cada vez mejor cuando salgamos a la calle: aunque sólo sea por eso.
NOTA: al respecto de las servilletas de papel, no sé qué es peor: si lavar más y por lo tanto enviar más detergentes a las alcantarillas, o usar servilletas de papel. Creo que están bastante parejos.
La mala educación, o “¡es que son niños!”
Ayer fui al cine, a ver el Hobbit. Al margen de los comentarios de la película, me cabreo mucho cuando voy al cine y me meto en una sala llena de críos maleducados que no hacen más que preguntarle a sus padres, en voz alta, cada cosa de la película.
- ¿Eso es el Dragón? A ver, nene, un bicho con pinta de lagartija grande, que vuela y echa fuego, y que no es un meteorito ¿qué va a ser?
- ¿Ese es malo? Un tipo grimoso que se come al protagonista si falla las adivinanzas, ¿te parece bueno? Esto es preocupante: ¡los niños de hoy no saben distinguir entre el bien y el mal!
- ¿Eso son orcos? Cállate y mira la puñetera película y ya te enterarás.
- …
Así durante dos horas y cincuenta minutos, aproximadamente.
En general me pone de muy mal humor que alguien, ya sea niño o adulto, se ponga a hacer comentarios mientras veo una película que no he visto todavía, y sobre todo cuando hacen comentarios para intentar anticiparse al argumento, haciéndose preguntas como “pero entonces, no entiendo: ¿es que… ?” Si estamos viendo la película y tú no lo sabes, ¿qué puñetas te hace creer que yo voy a saberlo? Pero que lo hagan niños gritando en una sala de cine, con el precio actual de las entradas, y encima con la mirada condescendiente de sus malditos padres al lado, me pone del hígado. ¿Es que no sabemos educar a los niños? En el cine y en el teatro se está uno calladito, o no se está.
Si tus hijos son unos maleducados, quédatelos tú toditos ellos, y déjanos a los demás tranquilos. ”Es que son niños”. No señora, es que usted es una maleducada y una irresponsable, y si no es capaz de mantener a su hijo callado en un sitio donde hay que guardar silencio, no me creo que sea capaz de enseñarle la diferencia entre el bien y el mal: y la prueba es que le pregunten si el Rey Orco es malo, o si Gollum es bueno.
Es de psiquiatra.
¡A cavar zanjas!
P.D.: Feliz 2013.
Volver a un concierto de MUSE
Volver a un concierto de MUSE es algo que tengo pendiente y quiero hacer. Sin embargo, es difícil si las entradas se agotan a los 10 segundos de ponerse a la venta. Es lo que tiene que tu grupo favorito sea tan bueno (que no quiere decir que sea comercial).



